jueves, 14 de febrero de 2013

Carta a un ¿conocido?

Quizás porque hacía tiempo que no ocurría como cotidianeidad en mi existencia, me acostumbré pronto a recibir tu tierno saludo cada mañana. Siempre eras el primero. El primero que, además, ha ido inaugurando el hecho de que cada nuevo día se transforme en una certeza para la alegría. Casi había olvidado ese tipo de complicidad con alguien del sexo opuesto, pero tú de nuevo la trajiste a mi vida.

Apareciste por sorpresa, con esa mirada tan pura, tan limpia que... si sólo se enfocase la atención visual en tus ojos, se te podría confundir con un adolescente. Al principio te mostraste algo distante... me costó llegar a ti, pero tampoco yo te lo puse fácil. Hablábamos sin llegar a entendernos... empleando cada cual su propio idioma; sin dar el brazo a torcer en pos de la comunicación que parecía resistírsenos. Y poco a poco nos aproximamos... sin querer queriendo, hasta que se desmoronó ese muro pétreo que nos separaba, y el miedo, el tuyo y el mío, cayó por tierra.

Llegaron los susurros... y el tacto. La primera vez que me rozaste mi cuerpo vibró. La primera vez que te acaricié... tu piel se erizó; lo percibí instantáneamente. Inevitable atracción. De repente... conjugar en plural, no en singular. Nosotros.

Lo nuestro iba tan bien... pero tan bien... y sin embargo...


Tal y como se iba desarrollando la relación creía que encajábamos, que estábamos construyendo algo... algo verdadero y hermoso. Me equivoqué. El lunes pasado no diste señales de vida. Ni el martes. Ni el miércoles. Ni el jueves. Ni el viernes. Ni el sábado. Ni el domingo. Ni el nuevo lunes. Ni el nuevo martes. Ni el nuevo miércoles... ¡Desaparecido! Te llamé una y otra vez pero tu respuesta fue el silencio absoluto. Temí lo peor: ¡Algo terrible te debió ocurrir!

Primera posibilidad: ¡Te atropelló un coche! Segunda: ¡Una pandilla de atracadores de bancos te tomó como rehén. Perseguidos por la policía lograsteis escapar, pero provocaste un accidente. Cuando recuperaste el conocimiento, no recordabas nada. Un ex convicto que pasaba por allí te recogió en auto stop y, tomándote por un fugitivo, te escondió en un contenedor destinado a Estambul. Allí te topaste con un grupo talibán afgano que te propuso acompañarte para volar unas cabezas de misiles soviéticos, pero vuestro camión chocó con una mina en la frontera del Tayiikistán. Sólo sobreviviste tú y acogido en una aldea de montañeses te convertiste en militante muyahidín!... No, las malas noticias corren como la pólvora y me hubieran explotado en la cara. Pregunté a tu madre y no supo, o no quiso, decirme de ti. De modo que tercera posibilidad y la repeor: ¡Estás con otra y has decidido romper lo nuestro por lo (in)sano! Y yo, que de celosa tengo cero, me veo pensando en semejante opción como hecho real, muy real, rozando el patetismo (¡a mi edad!), sintiéndome un auténtico juguete roto. Patética y... ¡peripatética! Tiene guasa que hoy, 14 de febrero, haya descubierto la verdad.

Ahora... que ya sé que no te han secuestrado, que no agonizas en un hospital, que no estás comiendo sopa de remolacha ni llevas un tiesto horrible por sombrero en vaya usted a saber qué lugar de Asia central, que la razón de tu repentina ausencia efectivamente es que andabas en otros brazos femeninos... sólo me resta por decirte: ¿¡Cómo te has podido largar a la francesa!?... ¿¡Acaso no sabes que no quiero a mi lado a quien no desee estar!?... ¡Me has utilizado!... Disparo en pleno centro de mi pecho.... ¡baaaangggg!

¡Ah!... y también ¡¡¡traidor de la pradera (e hijo de la gran chingada)!!!, que sea la última vez que te vas de picos pardos sin avisar, ¡hombre!...


¡Digo gato!

Damas y caballeros les presento a Andreito, minino adoptado en los jardines (ejem, selva amazónica quiero decir) del castillo de la familia Adams (¿o es Mordor?), más popularmente conocido como: mi centro de trabajo.

El caso es que por más que haya estado de ligoteo por ahí... hoy ha regresado. Naturalmente con el rabo entre las piernas. ¡Qué menos! O los rabos, para ser exacta. Ejem, ejem... gata callejera versus leona (que por algo nací en agosto y gasto melena que pa’ qué)... ¡no hay color! :-D


Nota mental I: bueno... eso y que soy yo quien le echa de comer cada mañanita, nada más llegar. Y claro... ¡me quiere muuuuucho! (a ver, es gato... pero no tonto).

Nota mental II: bueno... eso y que, en paralelo, soy yo quien le da su primera dosis de cariño tempranero y zalamero (a ver, es gato... pero no tonto).

Nota mental III: bueno... es que soy la que antes aparece por allí y claro... (a ver, es gato... pero no tonto).

Nota mental IV: menuda horterada ponerle Andreito (en honor a un compañero llamado Andrés, aunque no fue él). No hay mejor nombre para un gato que Garabato. ¡Que no hay otro!... si es macho, claro. Las posibilidades aumentan en caso de hembra.

Nota mental VI: ¿Se habrá notado el guiño (guiñazo) al fabuloso mundo de Amélie? :-)...



Pd. Los padres adoptivos (Andrés et moi) estamos muy contentos porque ya pensábamos en las exequias a su memoria. Claro que en el peor de los casos... ¡le quedarían aún seis vidas! Sin embargo hay algo en lo que no estamos de acuerdo, respecto a su educación. Considero que está cogiendo peso de más. Que tenemos que incitarle al deporte e incluso ponerle a dieta porque es un tragón. Su padre, en cambio, piensa que come lo que tiene que comer. Veremos si no se transforma en este...


Pd. 2. Blanca (la acabo de bautizar, porque tal que así es su color) es la madre biológica de Andreíto y ligera de cascos que pa’ qué, aunque con la prudencia (en lo que se refiere al ser humano) desarrollada en grado hipermegasuperlativo. Un día, de hace aproximadamente un año y medio, en no sé qué parto porque lleva tropecientos,  se cobijó en los jardines, ejem... en la selva de Mordor en pleno alumbramiento y... esa es la razón de que el lindo gatito sea parte de la familia. Ella es como el Guadiana... aparece y desaparece. Ultimamente confía bastante en Andrés y en quien suscribe, permitiéndonos acercarnos a medio metro de distancia (muchos meses nos ha costado que nos dé el visto bueno pues salía por piernas, digo por patas, tal que si le hubiesen prendido un cohete en sus traseras en cuanto oteaba a persona alguna)... para echarle pienso (a ver, es gata... pero no tonta).

P.d. 3. Y no sé si están desarrollando una relación incestuosa, la verdad... tengo dudas sobre el asunto porque Andreito está en plena efervescencia sexual. De ser así va a tenerlo difícil porque... las criaturas de su linaje serían hermanos e hijos a la par. ¡Dioses del Olimpo! Qué complicado dirigirse a ellos, ¿no?... “Hijohermano mío, ven que te voy a enseñar a cazar ratones”... Claro que la prole tampoco lo tiene fácil: “Hermanopadre... ¿nos vamos esta noche a ronronear de tejado en tejado y a ligarnos a unas gachís?”...

domingo, 3 de febrero de 2013

Glub, glub, glub, glub...

Si el agua es el origen de la vida...

¿cuál es el destino del pensamiento?





jueves, 24 de enero de 2013

Levepasmarote (o recurso camaleónico de nueva generación)


(Aviso a navegantes: entrada tamaño XXXXXL)

Un estimado amigo, además de lector, díjome hace blogeones: “La gente miiiieeente”, pronunciándola exactamente así, pues une al tiempo la sorpresa... ¡y la enésima constatación!, que también el mismo amigo diría. Aunque entonces una ya portaba cierto bagaje al respecto, habiendo tenido numerosas oportunidades en las que comprobar la veracidad de su afirmación (que a día de hoy alcanza categoría de axioma), no pude por menos que darle la razón, toda la razón y nada más que la razón. Y vuelvo a dársela.

En los últimos meses me han mentido un par de amigas. En cosas nimias... digamos que para salvar el tipo frente a un comportamiento suyo no adecuado. Vale. Ellas están al tanto y retanto de lo que opino sobre el asunto.

Primera. ¿Quieres obtener algo de mí? De acuerdo, pídemelo... con franqueza, sin excusas irreales, como sabes y archisabes que me gusta (incluso necesito), y decidiré si me presto a ello, que también sabes probablemente así sea, pero, una vez obtenido lo que persigues con artimañas... y pillada in fraganti, no me cuentes cantinelas cuando te expreso que la policía no es tonta... que parvulitos quedó muy atrás.

Segunda. ¿La has pifiado y no quieres... o no puedes asumirlo? No hay problema... no es una gran pifia, es pifiílla no más. No es la primera vez, pero que no te dé vergüenza por ello... ¡somos humanos! y además tú y yo, amigas. Hablemos, entendámonos, empaticemos la una con la otra... comprendamos, o intentémoslo... que no se repita y aquí paz y después gloria.

Pero no. Mienten y entonces, como deseo entender y construir/mantener algo sólido y bello, yo he de preguntarles porqué... si no hace falta mentir, de veras que no... Y sus expresiones faciales son las de un pequeño de seis años que con trozos del jarrón en su mano dice que no ha sido él quien lo ha roto. Y, cuando lo descubro (porque ya se sabe que... se pilla antes a un mentiroso que a un cojo, hasta sin intención como es el caso), se empeñan en negar a bote pronto la evidencia. Y me sacude algo por dentro... si bien apenas un imperceptible temblor, cimbreo si acaso, desde que una se propuso (e impuso) colocarse el supermegaimpermeableantitodoloquefastidiay/opeor. Pero... en este particular sucede que quiero que la cosa quede más o menos como estaba, aplicando pegamento a las piezas del jarrón, procurando encajarlas debidamente, sólo porque median afectos y sentires, porque vale la pena y las alegrías... y acabo comprendiendo, recordándoles no obstante qué pienso al respecto. Debo añadir que no exenta de sorpresa por el hecho de que (me) mientan y también, porqué no decirlo, reconociendo(me) cierto cansancio: “Caramba... se miente como un acto reflejo... Llega de quien menos lo esperas... cuando menos lo imaginas... de modo reincidente”. Y sí, me hastía porque en efecto somos perfectamente imperfectos, pero ¡aprendamos siquiera una miaja de nuestros errores! Lo peor es que acabaré levantando un monumento a Leon Festinger y a su teoría sobre la “disonancia cognitiva”, que viene a decir que el autoengaño es el pan nuestro de cada día en el ser humano, a poco que el susodicho se descuide. ¡Ops ... que Dios nos pille confesaos'  8-S!

Las mentiras tienen las patas muy cortas... ejem, las mentiras tienen la punta mal afilada, por eso se rompen enseguida

Ahora bien, el tema cambia cuando quien miente me refanfinfla o similar. Y actualmente con novedades de adaptación camaleónica. Un compañero de trabajo recién me mintió descarada, intencionada, fea e innecesariamente. Si tuviera algún sentido, le diría: “No me sirve Doña mentira. Puedo, no obstante, tolerarla puntualmente si es inconsciente, aunque no justificarla. No me sirve quienes mienten, no... especialmente si es de todo punto evitable hacerlo. Me sirve menos la hipocresía a la que quien miente recurre a continuación, incluso sabiéndose descubierto. No. No me sirve que me busques, procurando mi conversación, porque te sabes pillado, y te comportes como si nada. Tienes diez años más que yo. ¡O sea! No puedes... ejem, no debes hacerlo así, si es que algo en positivo pretendes cuando me diriges la palabra después de... No me interesa el comadreo chismoso, lo sabes bien. O deberías saberlo a estas alturas. Por favor, no me lo ofrezcas más. De ese modo lo empeoras y ya me costaba antes de... Puedo incluso acceder a que nos comuniquemos, si asumes tu error... tu torpeza, no tu culpa pero sí tu responsabilidad... si me cuentas porqué lo hiciste... te prometo que intentaré ponerme en tu piel. Sin embargo callarás lo que habrías de decir y dirás lo que convendría callases. Sí, lo sé. Me consta que no has mentido a Leve porque sea Leve. Que no es nada personal. Lo has hecho porque funcionas así... en general. Es una de tus herramientas sociales, tu modus operandi. Mientes y no le das importancia. Te da igual. Y una mentira la quieres arreglar con otra, y esta con otra más... así, ad infinitum. Te hablo sin enfado, sin acritud... en serio, pero he de hacerlo para que comprendas algo que, sorprendentemente, no te ha quedado claro considerando lo, valga la redundancia, clara que soy en algunos aspectos; probablemente demasiados. Tengo alergia a la mentira y aún más a la hipocresía. No sirvo para moverme en sus dominios... ¡ni quiero! Es vox pópuli... porque lo digo; así, con todas las letras. No me sirven las relaciones insanas; por más que estas sean profesionales, superficiales, momentáneas... se pueden dar con un mínimo de calidad y de dignidad. Se deben dar. Lo tóxico a cien mil kilómetros a la redonda... de mí. Puedes elegir mentir, sí. Es tu libertad, consciente o no, y no voy a interferir en ella. Del mismo modo puedo y escojo decir no. Porque, después de lo ocurrido, para afirmarme... he de negarte. Y lo hago desde un punto emocional de absoluta tranquilidad. Es así. Concluyendo: ¡Ay... qué mayó estoy pa’ según qué... y según quiénes!”.

Esto sería lo que podría decirle, pero no, porque si hay que ir se va... pero ir pa’ na’... No serviría pues no comprendería absolutamente nada del contenido del mensaje. Ni siquiera en versión resumida: “Me has mentido y a posteriori te comportas con hipocresía. No entro en ese juego”. Pero entonces probablemente él se sentiría mal y aparte se crearía un ambiente tenso, así que, y esta es la novedad, callo. Eso sí... callo alcanzando un grado máximo de alucinancia (que diría el maestro Kunfu Panda) que me convierte en un auténtico levepasmarote que le mira y sonríe, tal que si me hubiera fumado algo... o me hubiera ventilado de un sorbo media botella de bourbon, cada vez que el interfecto me habla (que desde el momento de autos es demasiado a menudo), nombrándome para reclamar mi atención, contándome sus cosas con las que, por cierto, nunca comulgué. Claro, mirarme a los ojos... de soslayo si acaso. ¡Mecachis que no me aguanta el puente que no se llega a crear entre ventanitas de nuestras faces, que no fauces!...

Rictus novedoso de Levepasmarote

Y esa es la cosa... desde hace algo más de un mes, salvo saludarle y tratar los mínimos asuntos laborales que nos obligan a mezclarnos, soy voluntariamente incapaz de articular(le) palabra alguna. Ni mu... tan sólo sonrisa Giocondana y, desde que empieza hasta que acaba de hablarme, le miro situada en mi nube interior mulllidita de... habla trucho que no te escucho... En realidad... en adelante todo serán ventajas. Ni él me aporta, ni yo le aporto. Por ejemplo, cuando me ponga a parir a fulanita, o menganito... no será necesario que le diga: “No quiero que me hables mal de nadie, especialmente si ese nadie/alguien no está presente (no de cuerpo, sino de indicativo :-D)”. Y cuando en una reunión de trabajo me agarre del brazo, medio zarandeándome, tres veces ¡tres! y en menos de cinco minutos me repita con fervor un asunto que nada tiene que ver con el objeto de la reunión me ahorraré un: “¡Basta!... me lo has comentado tres, ¡tres veces seguidas en cero coma...! Y no me cojas...¡carape!”. Ni tampoco tendré que pedirle: “Por favor... por enésima vez, no me eches el humo a la cara”...

Llegada a este punto... con permiso del respetable voy a practicar la postura de brazos en cruz, para, ya metida de lleno en faena, ganar atractivancia (que también diría el maestro Kunfu) y otorgar así mayor poderío a mi nueva pose...

Levepasmarote en su primer entrenamiento oficial

Que digo yo que... a falta de poder levantar el vuelo dejando atrás a aquellos que sólo graznan... va a estar bien el nuevo método pa’ espantar pajarracos ¿no? :-D

(Nota mental: ¡Ay Señó... llévame pronto!)

"No es síntoma de buena salud el estar perfectamente adaptado a una sociedad enferma" (Jiddu Krishnamurti dixit).

“Es preciso –y precioso- caminar con el espíritu ligero y la comprensión abierta para lidiar diariamente con la gente... por aquello de nuestra escandalosa y perfecta imperfecta humanidad. Y que, a la par, se lidie con nosotros de igual manera” (Leve dixit).

Pd. Ya que la perorata ha sido de narices... me voy (¡por fin!) con la música a otra parte :-)...



Aunque casi es más adecuada esta banda sonora :-D…




sábado, 19 de enero de 2013

Dice un refrán: “Lo bueno si breve... ¡no es leve!” (o levecomunicado, 2ª parte)

Ejem... quiero decir un leve-refrán :-)

He de refrescar la memoria a parte de respetable e informar al resto haciendo una ¿pequeña introducción? (como se habrá archicomprobado, salvo que me encuentre en modo suspiro, la capacidad de sinopsis y yo no tenemos el gusto de conocernos... ¿¡Ven!?... de nuevo dando muestra de ello. De lo cual se deduce que “intentaré”... que sea una breve introducción). Esta entrada tiene fundamentalmente un protagonista... dos en realidad. Doña Paca, la señora que me bautizó como la Virgen de la Perpetua Levedad está casada con Indalo. Indalo padece Alzheimer desde hace unos ocho años que, obviamente, progresa a ritmo de almanaque. Cada mañana esperan en la cafetería a que llegue el vehículo que recoge a varios pacientes de la zona, para llevarles a un centro ocupacional de día. Indalo llega, se sienta y se queda como una maceta... minutos y más minutos. U horas si el lugar en cuestión se presta a que permanezca tiempo. A veces se duerme. Otras, mira y no dice nada a quien le habla. En ocasiones contesta. Puntualmente se rebela y refunfuña diciendo que él no va a ningún lado cuando por fin llega el autobús... y a Doña Paca le cuesta lo más grande convencerle, aunque Indalo acaba claudicando.

Hace varios meses llegué y saludé, como de costumbre. Poco después Doña Paca se levantó, se acercó a mi mesa y me dijo:
  • Perdona que te moleste... ¿te puedo dar un beso?
Me sorprendí, aunque sólo un instante, ya que hasta la fecha lo único que habíamos hecho era hablar, pero de inmediato le sonreí a la par que le respondía:
  •  ¿¡Cómo que molestarme!?... ¡Pues claro que sí mujer!
Y mientras me besaba, le besaba, me abrazaba, le abrazaba... añadió:
  • “Es que te quiero...”.
¡¿Eiiinnn?!... La sorpresa, en ese momento, se transformó a superlativa y duró algo más pues palabra de Leonor que no he hecho nada especial, salvo echar un ratillo de charla con ella cuando la veo... y bueno, sí, regalarle una estampita de la Virgen de la Perpetua Levedad, que decía le gustaba muchísimo. Así que me late que va a ser eso... lo que le ha conquistado de mí :-D


Doble, según Doña Paca, en versión religiosa, según la misma Doña, de la mirada y sonrisa de Leve (o estampita de la Virgen de la Perpetua Levedad)

Regresé a mi desayuno y de repente Indalo alzó la voz, mirándome y reclamando mi atención:
  • Indalo.- ¡Eeeeeeehhhh que yo también quiero!
  • Leve.- Por supuesto que sí, hombre... Vamos a estar aquí repartiendo besos y no le va a tocar a usted uno. Lo arreglamos inmediatamente... ¡mua, muaaa! (categoría ósculo sonoro, de ventosa él)...
Cuando nos separamos me devolvió una enooooorrrrrme sonrisa, tan llena de ternura, tan sincera, que... no pude por menos que regresar aquel día a casa más contenta que mi amiga Tenta, pues no sé si sabrá el respetable el regalazo importantísimo que es que un enfermo de Alzheimer te pida que le des un beso. Igual... que si te toca un igual (mínimo), valga la rebuznancia :-)

(Igual.- Dícese del nombre coloquial que un décimo del sorteo de la ONCE recibe en estos lares desde los que escribo y suscribo).

A partir de entonces... cada mañana, cuando llego, saludo a los protagonistas de estas líneas de otro modo:
  • Leve.- Buen día Indalo. ¿Cómo está?
  • Indalo.- Hecho un penco.
  • Leve.- Y yo una penca.
E Indalo sonríe extralaaaarrrrgamente... y se convierte en un niño de cinco años, aunque ya lleve en el planeta setenta y tantos largos...

Algunos días, si tiene más ganas de jugar, o si su ser no siendo se lo permite, desconozco cuál es la razón de que se dé así, continúa...
  • Indalo.- Y yo un toro.
  • Leve.- Y yo una vaca.
  • Indalo.- Y yo un gallo.
  • Leve.- Y yo una gallina.
  • Indalo.- Y yo un caballo.
  • Leve.- Y yo una yegua...
Vamos, que montar el belén no lo montamos, pero la granja...  :-D

Y sonríe... y sonrío... y sonríe de nuevo... y de nuevo sonrío... sucesivamente, a cada propuesta que hace, si le da por ahí. Pero lo que no falla, lo que siempre somos, pero siempre-siempre, es... un penco él, una penca yo. A lo que se fue añadiendo un suma y sigue pues me iba dando permiso para acercarme a medida que transcurrían los días...  primero le puse la mano en el hombro... después una pequeña caricia en su mejilla... penco - penca - mano al hombro - caricia en la mejilla... esa es la secuencia exacta, repetitiva, a la que, intermitentemente, añado un beso.


Primer plano de Penco y Penca

Todos notamos el aprecio... el afecto, el cariño, incluso los que ya desaparecieron en gran medida de sí. Sentirlo es una necesidad humana... se tenga conciencia de ella o no. Y entre Indalo y yo se ha creado un código... un contacto... con tacto, unido a palabras y sonrisas de mirada y boca: nuestro rito diario.

El me domestica... yo le domestico... Lo que no me queda claro es si él es el zorro, yo la principita, o él el principito y yo la zorra (¡ops, cómo suena!). Sea como fuere... Indalo ya no es para mí un muchachito semejante a cien mil muchachitos que pudieran entrar en esa cafetería. Indalo es único en esa cafetería :-)

(Nota mental: mejor me callo que el saludo que me devuelve Doña Paca es “¡Buenos días vida mía!”... ¿no?... Sí, me callo que va a sonar más raro aún que lo de hembra del zorro ;-))

(Nota mental II: ¿Se habrá notado el guiño que le he hecho a Gloria, la fuertes...? “Me gustaría tener una amiga que se llame Tenta. Y estar siempre conTenta” :-))

(Nota mental III: lo esencial es invisible a los ojos, repitió... a fin de acordarse :-))



lunes, 14 de enero de 2013

Levecomunicado

Damas y caballeros, en este presente de indicativo, soy...


¡¡¡ una penca !!!

¿Porque duermo en una cama de faquir?... ¿Porque pienso en verde?... ¿Porque he paseado por una alfombra de erizos?... ¿Porque me he vuelto como el increíble Hulk?... ¿Porque pincho quizás?... :-D

La respuesta, próximamente en sus pantallas...


jueves, 10 de enero de 2013

Wonderland

7:15h de un diez de enero de un año que supersticiosos reconocen como 12+1, pero que a mí me ocasiona un extraño regusto llamar 13. Conduzco hacia mi lugar de trabajo... y ¡zas!, ahí está... colgado del oscuro cielo (que les recuerdo, cuando es de noche, no es negro sino azul marino)... estando sin estar... dejando tras de sí, como de costumbre, tan sólo la estela de su sonrisa... destellando el tercer incisivo derecho maxilar, para que no quepa duda alguna sobre su identidad...


Gato de Cheshire... ¿fuiste tú quien me comió la bloglengua? Y... ¿qué creerá el respetable que el minino de marras dijo sin decir? ¡Ni mu! Digo... ni miau.

Y no me lo creerán... pero, horas después, en la cafetería, un hombre con sombrero, y aspecto de locuelo, tomaba té. Eso sí, en esta versión de la historia, a diferencia de que una reina de corazones pidiese a gritos que me ¡¡¡COOOORTEEEEEEEENNNNNN LA CABEZAAAA!!!, Rafa, el camarero, va y me regala por primera vez, sin que lo esperase, uno tal que así...


¡¡¡pintado de rojo!!!... a saber si por algún naipe de la guardia real.

Bueno, en realidad me ha regalado otro más, cuando ya me marchaba. De modo que, sépanlo, hoy tres... ¡tres corazones! laten dentro de mí (no importa que dos de ellos sean galletas desintegradas en la gruta del yeyuno pues, en esencia, lo que é... é).

Para que luego se diga que no hay maravillas... cada día... por doquier. ¡Ah!... tengan ustedes un feliz-feliz-feliz no-cumpleaños, faltaría ;-)

(Nota mental: dio de sí una luna lunera cascabelera y tempranera. Quizás también Doña Coti se despereza... o el balancín de mi imaginación, vuelve a mecerse).


domingo, 6 de enero de 2013

En el día más especial para los peques...

una especialidad que debemos (re)aprender de ellos...




martes, 1 de enero de 2013

...doonng... doonnggg...dooongggg...dooonngg...

dooongggg...


¡¡¡Felices oportunidades!!! ;-)...



sábado, 22 de diciembre de 2012

Sorteo extraordinario de Navidad

¡¡¡Me ha tocado la lotería!!!...

 Amanecer el día haciendo un examen con resultado sobresaliente...

Al salir un... “qué guapa estás, no pasan los años por ti”, llegado de unos conocidos a los que hacía no sé el tiempo que no veía...

Una comida con íntima amistad y pescaíto rico-rico-rico...

El canto de un pájaro que parece más un prodigioso flautista que una criatura alada...

Un nadador gigante con forma de nube (o una nube gigante con forma de nadador)... a punto de lanzarse de cabeza al mar desde el trampolín del cielo... perfectamente dibujado como jabalina... estático durante 45 minutos pues Eolo se ha tomado el día libre y no ha variado ni un ápice su silueta algodonosa...

Barcos rodeados de gaviotas zarpan en busca de pesca...

El azul de arriba... el azul de abajo...

Cerrar los ojos... sentir...

Ancianos que descansan sus años en los bancos...

Una niña recorre el paseo marítimo haciendo el pino lateralmente, al más puro estilo rueda...

Parejas enamoradas rebozan sus sentimientos con arena y aroma a sal...

La montaña... frente a la gran masa de agua salada... impertérrita... majestuosa... clara como la luz del día primaveral...

Un perro... dos perros... tres perros... juegan con sus compañeros de ruta...

Bicicletas... piernas que las pedalean... manos que las guían... ojos que marcan su sendero...

El mar susurrando... hipnotizando con su música en cada caricia que hace a la orilla... Mi sonrisa... en mi rostro... en mi alma... mi paz.

El sol, engullido súbitamente por el horizonte... momento en que los soñadores del mundo han de lanzar sus deseos para que se cumplan...

Mi respiración... mi latido...

El estallido del fucsia en el lienzo celeste cuando el astro rey se ha marchado a dormir... el violeta...

Mis pies... mis pasos... mis huellas....

Los amigos de la red que siguen asomándose por aquí... y dejando comentarios...

Hay que lanzarse a la vida, y no quedarse en el intento, como el nadador nube estático, para que toquen premios.

¿Queda o no claro, tras detallar mis activos de patrimonio, que me ha tocado la lotería ? ;-)




martes, 18 de diciembre de 2012

¡Olé, olé, oléééééé!



¡¡¡Viva España!!!... aunque yo de patriota (al uso) tenga más nada que poco ;-)