lunes, 6 de septiembre de 2010

3

Mi número preferido. ¿Dónde está?...

En "La Pinta", "La Niña" y "La Santa María": las tres carabelas...


En Aramis, Porthos y Athos: los tres mosqueteros...


En el que usó la paja, el que usó la madera y el que usó el ladrillo: los tres cerditos...


En las tres gracias primaverales de Botticelli...


En Plácido, Pavarotti y Carreras: los tres tenores...


En Donald, José Carioca y Panchito: los tres caballeros...


En Harpo, Chico y Groucho: los Hermanos Marx...


En Burbuja, Bombón y Bellota: las Supernenas...


En Carles Sans, Paco Mir y Joan Gràcia: Tricicle...


En Melchor, Gaspar y Baltasar: los tres Reyes Magos...

(En versión Leve: Melchora, Gaspara y Baltasara... Reinas Magas).

En Ana, Teresa y Elena: las tres mellizas...


En tres tristes tigres triscaban trigo en tres tristes trastes de trigo :-)...

¿Dónde más... está el tres?

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domingo, 5 de septiembre de 2010

Quedarse... irse

Esperando a que un semáforo me diera paso, frente a la piscina, en la puerta de las instalaciones, hoy una mujer era recogida por alguien.

Una mujer de unos cincuenta y tantos años a la que llevo varios viendo allí, aunque nunca hemos estado juntas en los vestuarios el tiempo suficiente (o bien salía y yo entraba, o viceversa) que nos permitiera hablar. Y es que, a fuerza de coincidir, se acaba siendo medio “amiguilla” de los usuarios habituales y estableces conversaciones con regularidad.

Por épocas he dejado de verla, pero siempre reaparece. No sé si porque cambia su horario o porque sencillamente deja de ir. Tiene dificultad para caminar y va con una muleta. Deduzco, por sus movimientos, que padece alguna enfermedad del sistema nervioso... ¿degenerativa? Si en efecto así es, parece mantenerse o que su progresión es tan lenta que apenas se percibe… desde fuera. Quizás “esclerosis múltiple”, o similar. Lo que resulta bastante obvio es que su problema de salud no es consecuencia de un trastorno o traumatismo puntual, curable con rehabilitación y el transcurrir del tiempo, pues como antes apunté son ya varios años coincidiendo. Y si en apariencia no está peor… desde luego tampoco mejor.

Donde más la he visto ha sido en la puerta de acceso al complejo deportivo. Siempre iba sola. Y esa imagen me llevaba a pensar en lo duro que ha de ser que estando enfermo, alguien con quien tienes un vínculo afectivo se aleje de ti precisamente por estarlo. Cónyuges, amigos, familiares… eso ocurre: desaparecen. No en todos los casos, afortunadamente. La mayoría de veces pienso que sucede por miedo, por debilidad, por no ser capaces de soportarlo, por… no saber amar. Y para el que se queda… el dolor, indiscutiblemente, ha de doler el doble; por la parte que llega de la propia enfermedad… y por la extra que reporta el abandono, el desprecio.

Hoy sin embargo… alguien la recogía. Un hombre, de su edad. Un hombre que podría ser su hermano, un amigo… pero por como la agarraba, no. Un hombre que, lo digo porque así se percibía, es su compañero de vida… su pareja. Un hombre muy atractivo según los cánones de belleza establecidos y de los que, a priori, ella no goza en su envoltorio; más bien lo contrario según lo esteriotipado. Un hombre que, con esa ventaja externa y con la desventaja de una enfermedad importante de por medio… entre irse y quedarse… parece haber optado por lo segundo. Mi corazón ha sonreído. Algo me dice que tal apreciación no es una “imaginación” de las mías. Así que con el que late esponjado, y casi caminando con el alma de puntillas, he entrado al vestuario y mi mente ha empezado a… “hipervincular”. Bueno, a “hilar”… que me gusta más.

Y ya con la cola y las escamas plateadas puestas, he comenzado a hacer largos y más largos en una piscina en la que sólo nadaba yo (¡mmmmmmmm doble placer!), mientras no dejaba de tararear y cantar esa tonadita que, en la película “Querido intruso”, Danny Aiello, en el papel de Joe, canta a su hija Jan como regalo de bodas…



¿Qué es lo que da la gloria... quedarse... irse?... ¿Cuánto de amor hay en lo uno... cuánto en lo otro? Yo lo tengo claro. ¿Y tú?

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jueves, 2 de septiembre de 2010

¿Profecía?

Si consideramos que en mi trabajo, a fecha corriente, sólo se ven cuatro de estas en movimiento...


porque el resto de personal al que protegen, hasta alcanzar la cifra de dieciocho, está de vacaciones.

Si tenemos en cuenta que los viernes, por sistema, son lo peor-de-lo-peor (volumétricamente hablando) pues llegan cienes y cienes, y más cienes, de estas...


con sus correspondientes y acompañantes ídem e ídem, y más ídem...


la lógica predicción es que... ¡VAMOS A MORIIIIRRR!...


Claro que... igual nos libramos porque mañana en vez de día 13 será 3. No obstante... de lo que no me cabe la menor duda es de que, aunque Jason no aparezca, nadie nos librará de un... reguero de sangre :-D

Y como no sé si reír o llorar ante mi futuro inmediato, me llevaré unas instrucciones made in Julio Cortázar, que me pueden ir requetebién. ¡Nunca se sabe!

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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Spain is different

Recientemente alguien me informó sobre la existencia de un físico considerado como una de las cien personalidades más importantes del siglo XX: Tim Berners-Lee.

¿Y qué hizo de relevante este señor? Reproduzco lo que se me explicó: inspirándose en el mecanismo del cerebro humano, cuyo pensamiento no es lineal sino que funciona a través de “saltos” entre distintos fragmentos de memoria, con capacidad para relacionar pensamientos y emociones almacenados en estructuras diferentes, generadas en contextos distintos, combinó dos tecnologías ya existentes (el hipertexto y el protocolo de comunicaciones de Internet), creando e impulsando un nuevo modelo de acceso a la información intuitivo e igualitario. Es decir… desarrolló un método eficiente y rápido de intercambio de datos. Y es que Internet no fue lo que es hoy en sus orígenes, como es lógico, y lo que antes de 1990 era un archipiélago de miles de islas inconexas en el que no existían buscadores, ni se podían integrar imágenes y/o textos fácilmente en pantalla (por ende el equivalente a que encontrar la información que interesaba supusiera hallar la proverbial aguja en un pajar), pasó a ser el inmenso mar virtual que en la actualiad podemos cruzar en una dirección u otra en cuestión de segundos, con sólo pulsar un enlace… con sólo un mágico-potágico “clic”.


Adentrarme en la biografía de Berners-Lee me ha permitido darle un nombre técnico a esa capacidad de la que habitualmente hago gala. Y lo que en levelenguaje expreso como “ser hilandera” por naturaleza, ahorita puedo referirlo también como… “ser una hipervinculante”. Del copón además, oigan, detalle este que posiblemente a más de un miembro del respetable no le venga de nuevas, je.

Efectivamente me la paso “hipervinculando”, no ya en esta patria en la que a menudo enlazo a entradas anteriores, por aquello de intentar que se entienda el meollo del asunto que me ocupe, sino porque en la “vida real”, de manera ajena a mi voluntad, continuamente parezco la enana saltarina… ¡boiinggg, boiinggg, boiiingggg! Hoy sin ir más lejos.

Caminaba de regreso a casa por una ancha acera cuya vía anexa se compone de tres carriles. Iba yo abstraída en mis pensamientos cuando en un segundo plano comienzo a oír… algo. Tardo un poco en identificarlo y cuando lo consigo el mensaje obtenido es similar a: “Baiiilaaa morenaaaa, daaaale morenaaa, vámono a fuegote, muéééévelo, suavesssiiiito…”, dicho entre notas musicales. O sea… una clara muestra de ese género conocido como reggaeton. El caso es que el efluvio sonoro no pasa de largo, que sería lo lógico en el caso de que procediese de un vehículo que circulara con normalidad. No obstante, pese a la interrupción, sigo en… “mis cosas”.

Pero el que canta a la morena comienza a hacerlo más fuerte y ya si miro al tiempo que voy reduciendo paulatinamente la marcha de mis pasos, a tenor de lo encontrado: un individuo, de poco más de treinta años, en el interior de un vehículo primo hermano del “coche fantástico” (vamos, un aspirante a Michael Knight), rodando a una velocidad no superior a 3 km/h (avanzando en línea conmigo), con la ventanilla del copiloto completamente bajada, portando gafas de sol a lo metrosexuá, con algo parecido a una sonrisa dibujada en su faz que masculla nosequé entre dientes, y un ligero meneo de cabeza que no mira al frente sino a su derecha… ¿a mí? Al principio escaneo los alrededores buscando otra posible fuente inspiradora… pero no, nadie más hay salvo quien suscribe. Entonces, paro en seco, abro los ojos como platos y mi mente comienza su particular hipervinculación en busca de datos que identifiquen al espécimen con que me he topado por sorpresa. Y en efecto verifico que ante mí se encuentra esa mezcla de latin lover, Rodolfo Valentino, macho ibérico, racial celtíbero, más popularmente conocido como… “Manolo la nuit”…




Y claro, que mi memoria rescatase semejante escena, ha supuesto un inmediato-simultáneo JA-JI-JU-JO-JE-JO-JA-JU… a volumen casi más elevado que el que pedía gasolina por los altavoces del seudoKitt. Lo mejor de lo mejor es que el tipo, pese a que no he tardado en cambiar mi dirección girando y perdiéndole de vista, se ha quedado con una expresión como diciendo: “¡El rey... soy el rey!”.

En fin, damas y caballeros, y yo creyendo que el celtíbero se había extinguido, je, pero ya veo que aún quedan ejemplares. Bueno, para ser justa debo agradecerle al muchacho la sesión de risoterapia que me ha proporcionado… ¡gratis!

¡Ah!... si el conductor hubiera sido Brad Pitt en vez de Pepito Piscinas, mi reacción habría sido igualiiiita, igualiiiita. Y es que hay actitudes que... JA-JI-JU-JE-JO-JA... inevitablemente.

Nota aclaratoria: “Pepito piscinas”.- Dícese del individuo oriundo de Spain, que se dedica a ligar (intentar más bien) con las titis, a ser posible extranjeras. Frecuenta piscinas de todo el país, aunque tampoco hace ascos a la playa. Se caracteriza principalmente por llevar un bonito bañador estampado, marcapaquete. Además se le reconoce por su bello caminar con la barriga cervecera bien metida pa’ dentro, sufriendo el correspondiente efecto secundario de llevar la cabeza roja perdida por la falta de oxígeno al no poder respirar en condiciones.


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lunes, 30 de agosto de 2010

Leve-escepticismo

Cada día le veo menos futuro...

a eso de... la vida eterna.
(¡Ains!).

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domingo, 29 de agosto de 2010

A la vuelta de la esquina...

En cualquier momento, puede ocurrir que a gente ordinaria...

le suceda lo extraordinario.
Sólo hay que esperar.
Y creer.

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sábado, 28 de agosto de 2010

Taco...neando

Si se considera que he titulado la entrada como lo he hecho, si se tiene en cuenta que Almerialópolis, ejem… Almería se encuentra en Andalucía, cuna del flamenco, y que la ciudad está en fiestas en honor de la Virgen del Mar, cuya onomástica se celebra hoy, quizás el respetable pensará que me voy vestir de faralaes, colocarme una flor en el pelo y marcarme un zapateao’… ¡olé, arsa mi arma, tiriti-tran-tran-tran…! Y sí, pero no.

Un taco en México es una tortilla de maíz enrollada con algún alimento dentro.

Un taco en bricolaje es un pedazo de madera, metal u otra materia, corto y grueso, que se encaja en algún hueco.

Un taco en el léxico español, entre otras cosas, es una palabrota.

¿Pero qué es un taco(neo) en Maravillandia?

Se podría decir que en lenguaje oral soy “unabienhablá”. Esto es… no suelo hacer uso de vocablos soeces, groseros… palabrotas, en resumen. Peeeeero, no puedo negar que hay dos que brotan de mi interior de tanto en tanto. Aparte, claro, está la expresión “¡¡¡maldición, rayos y centellas!!!", que también la empleo en momentos críticos, creo que porque me recuerda a los enfados de tebeo y como que se suavizan con su presencia, je, independientemente del motivo que los provoquen. ¡Ah!... y también: "Estoy hasta las gónadas", o "hasta mi parte más idiosincrásica femenina", pero me resultan casi elegantes.

Si algo sale mal… fluye de mi garganta, con énfasis, esa palabra que se refiere a los excrementos y que no pienso reproducir aquí, que ya bastante mal me huele cuando me la escucho en voz alta. Ejemplo: “(¡…!), se me ha pasado el plazo para la inscripción!”.

Si algo sale bien… la que pronuncio es “joder”, arrastrando la “r”, dándole así rotundidad. En mí, es más casi una muestra de asombro positivo que de otra cosa. Ejemplo: “¡Joderrrrr, menudo baile te has marcado!”.

Estoy convencida de que lo mejor para librarse de malas energías es darse una buena sesión de ejercicio –con la consecuente creación/liberación de endorfinas- o en su defecto bailar un zapateao’... metafóricamente hablando. Es decir, a falta de ponerse de veras unos tacones y golpear fuerte en el suelo porque no es cuestión de cargarse al responsable de nuestro malestar (si lo hubiere), o por impotencia ante aquello que no se puede controlar pero fastidia, queda como potencial bálsamo el… taco-neo.

Y ayer, como consecuencia de llevar casi un mes sola en mi departamento, en el trabajo, con la impepinable ley de Murphy funcionando a tutiplén sucedió que, para mi absoluta sorpresa, amplié mi vulgaris vocabulum con un nuevo término, que por lo demás nunca me ha gustado sonoramente hablando. En boca de nadie, conste. Es que no es nada musical oigan.

En fin… mientras llega el relevo laboral y por fin puedo vacacionear… si falla mi taco(neo) tradicional, si ni la aplicación de una velocidad de 12 nudos a mis sesiones natatorias serena a la sirena, si en definitiva no me sirve todo lo demás… siempre me quedará vestirme de flamenca y soltar de nuevo el ¡coño! con que me estrené ayer. ¿Ven?... si es que no me pega ni pizca, pero si aliviaaa… ¡oléééé! :-D

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miércoles, 25 de agosto de 2010

Inocencia

Que siempre haya un lugar en nosotros capaz de ver, en vez de una manos sucias…

unas manos llenas de tierra limpia.
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martes, 24 de agosto de 2010

Cliiinnn, cliinnn, cliiinnnn...

Por esto...

es que suenan en Maravillandia.
Y también lo hacen en mi hogar, dulce hogar...
 
porque, además, es un sonido sereniiiito... para sirenitas :-)
Pd. El vídeo... una  pequesecuencia de "¡Qué bello es vivir!".

domingo, 22 de agosto de 2010

Una imagen... y más de mil palabras

Hace un tiempito me regalaron una imagen. Al verla... tuve dos evocaciones.

La primera llegó por un pasaje de la hermosa novela “La mujer habitada”, de Gioconda Belli:

(...) Pero me animaba a danzar mi vida. Me cantaba versos que decían: «Toda luna / todo año/ todo día / todo viento / camina y pasa también. También toda sangre llega al lugar de su quietud»...


La segunda está relacionada con un episodio autobiográfico acontecido hace unos años que requiere previa introducción. Apenas me he maquillado a lo largo de mi vida y en consecuencia no sabía hacerlo. Porque pintarse una rayita en el ojo, echarse algo de colorete en el párpado (truco socorrido cuando no se es experta) y ponerse un poco de rímel en las pestañas (limpiando antes el cepillo con un clínex, que si no deja grumos que pa’ qué y parece que te han pegado un puñetazo) no te convierte precisamente en un Velázquez de rostros humanos. Mejor un Klimt, que me gusta más. Pero llegó un día en que tenía que salir a bailar a un escenario, vestida de odalisca, e instada por la profesora tocaba maquillarse mucho, mucho, muchíííísimo pues en caso contrario, y debido a la iluminación imperante en escena, corrías el riesgo de parecer la novia cadáver de Tim Burton...

No era plan :-)

La víspera de la actuación busqué en internet-e buenos ojos de danzarina oriental y cuando di con unos los suficientemente árabes de aspecto, intensos aunque no exagerados, ¡a imprimir! Pegué la fotografía al lado del espejo del baño y comencé la tarea de convertirme en copiona... ¡o intentarlo! Paso a paso: miradita a la fotografía, miradita a mí... y así sucesivamente. Tardé más de media hora, pero fue mucho más fácil de lo que esperaba, con el resultado final de parecer oriunda auténtica de El Cairo, como poco.

Al día siguiente preferí salir de casa ya maquillada y sólo tener que retocarme en el camerino, por si en el teatro me ponía nerviosa de más y la raya acababa como la espiral de la concha de un caracol, y no como la que llevaría cualquier pariente cercana de Cleopatra, que era la pretensión. Salió de lujo aquel “mi primer gran maquillaje” y me veía tan bien, y tan guapa aseguraba la gente, que animada por el respetable decidí dejármelo tras la actuación para la viruelta que nos dimos, aunque sólo fuera por amortizar un poco... “mi obra”. Incluso me dejé unos brillantitos que me había puesto en el rabillo del ojo... Con lo cual nadie podía negar que aquella noche… ¡mi mirada era todo fulgor! Y hasta aquí llega básicamente mi autoexperiencia con el maquillaje.

Pero hubo otra anteriormente en la que no fui la “artista” sino la “modelo” y es la que tiene que ver con la segunda evocación. Antaño solía acompañar a una amiga cuando iba a comprar cosméticos. Como es lógico, y por aquello de dar ejemplo, todas las dependientas de la perfumería estaban perfectísimas y notablemente maquilladas, aunque también con un aspecto natural. Una de ellas, a su vez amiga de mi amiga, siempre que me veía me insistía con la misma cantinela: “No te sacas partido... deberías maquillarte”. “¡Pero si voy maquillada!”, respondía yo... con mi rayita light en el ojo. Total... que en una ocasión ambas me convencieron y me presté a eso de... “sacarme partido”, con una condición: “¡De pintarme los labios ni hablar!”. “Mujer... no se te puede maquillar y dejarte los labios del color de tu piel”, dijo la profesional. “De acuerdo... pero que sea un tono que apenas se aprecie. Nada de encontrarme con un chorizo o berenjena por boca... ¡ehhhhhh!”.

Se puso a la tarea... que si no se qué corrector, que si base no sé cuánto, que si esto, que si lo otro, que si lo de más allá... Nada más que uno de los lápices-sombra que me echó valía 5.000 de las antiguas pesetas (¡glubs!... pues sí que sale caro... “sacarse partido” pensé). Eran marcas buenas buenísimas por supuesto. Y pijas pijísimas, obvio. Cuando por fin acabó, la esteticista y mi amiga estaban sorprendidas y contentas. No paraban de decir lo guapísima que estaba y claro... quería comprobar en primera persona esa dosis extra de belleza externa que me había caído por obra y arte… del maquillaje. Me entregó un espejo de mano, lo coloqué delante de mí y... yo no estaba. Literalmente había desaparecido. Sí... se veía una mujer de aspecto muy sofisticado, pero... ¿adónde había ido yo a parar? Me busqué y me busqué... comprobé que efectivamente el maquillaje rozaba técnicamente la perfección y que había potenciado lo que más destaca de mi rostro: los ojos. Tanto los había potenciado que si grandes son de por sí... creí inicialmente que me había convertido en un personaje de Caperucita:

- Abuelita, abuelitaaaaa, ¿para qué tienes esos ojos taaaaan graaaandesss?
- Pa’ qué va a ser hija mía... ¡para veeeerrrrte mejor!


Tras zafarme de la imagen de levelobaferoz disfrazada de abuela seguí buscándome y entonces, sin lugar a dudas, me topé con un Pierrot

Estaba deseando quitarme aquella máscara, que no me correspondía e incluso generaba cierto malestar, pero esa noche salía de cena en grupo y mi amiga y la esteticista insistieron en que no lo hiciera, aunque sólo fuera para escuchar la opinión de los demás. Consideraban que no me veía por falta de costumbre. Tal vez tenían razón...

Llegue a casa y me puse frente a un espejo de cuerpo entero. De cuello para abajo sí era yo... pero ese rostro... seguía sin pertenecerme. No soporté no encontrarme, así que me fui directa al lavabo... y el arlequín sofisticado desapareció… ¿para siempre?...

Hay que ser muy valiente para atreverse a ser... quien se es. Pero, si cabe, hay que serlo aún más para ser quien no se es, aunque sea momentáneamente. Por eso siempre he creído que hasta los considerados malos actores, a nivel profesional o amateur, por el simple hecho de ponerse la piel de otro, buenos son. Y es que... puedo ser todas las que soy, pero tengo claro que no puedo, ni tampoco quiero, ser las que no.

Pues eso.

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