Llevan juntos 24 años de casados y 3 de noviazgo. Se conocieron recién llegados a la facultad. Francisco Javier dice que, aunque le costó lo suyo porque tenía un rival muy potente ¡y más guapo!, “tacita a tacita” ganó y se llevó a la bella como premio, lo cual demuestra que el que la sigue... la consigue. Ella es pura víscera. El todo razón. Ella vota a la derecha. El a la izquierda. Ella monárquica (Juan Carlista en realidad). El republicano. Ella religiosa no por devoción, pero sí por tradición. El NO, mayúsculamente, en ese aspecto. Ella se quiere volver a casar por la Iglesia, para celebrar las bodas de plata. El dice que no más, Santo Tomás, que bastante ya le demostró pasando por la vicaría una vez.
Son... muy diferentes y sin embargo tan, tan complementarios... Encajan. Se quieren. De verdad de la verdadera. Están, aún, enamorados. Mucho. Y da gusto verles. Discuten... ¡un montón!, pero no seriamente sino que cada uno defiende su criterio con pasión. ¡Como debe ser! Negocian lo que han de negociar. Crecen juntos y con quienes les rodean. Son emocionalmente maduros, por eso saben... pueden amarse. Y pueden hacerlo... porque se siguen eligiendo libremente a cada minuto de existencia. No obstante, y aunque desean que les dure toda la vida, no se aferran a un futuro que no ha llegado pues cuentan con que todo puede suceder, incluso lo indeseable. Con generosidad, desde la coherencia, viven su presente... anhelando ese porvenir en unión sí, pero no anticipándolo ni dando nada por seguro. Son, en resumidas cuentas, gente de buenos principios, a nivel de pareja y a título individual.
Me río cuando les veo-escucho en sus “peleillas”, como anoche sin ir más lejos. Se dan... “caña” podría decirse, pero cariñosamente. Me contaban que por la tarde la habían tenido porque no se ponían de acuerdo en la manera de confitar la naranja. Y como cada uno defiende lo suyo pues... Dado que están comprometidos verdaderamente como compañeros de ruta hacen la mayor parte de vida en común, pero ninguno renuncia a su personal espacio en que cada cual realiza otras cosas (básicamente una actividad deportiva... él tenis, ella aeróbic, step, body no se qué, body no se cuanto...) y comparte “momentos post” (cañitas, cafés y similares) con los amigos que nacen en la práctica de esas aficiones, cuya amistad en ocasiones -como es mi caso- se acaba extendiendo a la otra parte.
Y se cuidan mutuamente. No han tenido hijos lo que posiblemente les haya facilitado entregar al otro todo el amor que deberían repartir de haber sido padres. En alguna de esas discusiones dialécticas que he presenciado, a continuación siempre tienen algún gesto cómplice bien en forma de caricia, o de beso, o de guiño... en el que se reconoce su cercanía sentimental, aunque intelectualmente estén alejados en ese punto concreto. Igualmente, cuando “no discuten” se comunican de esa manera. Me gusta sobre todo las miradas que se cruzan. No hace falta que se hablen porque se dicen lo que desean sin articular palabra. ¡Que bonitoooooooooo!, o... ¡qué bonicoooosssssss! Tal como les referí ayer han sido muy afortunados al encontrarse, pero también merecen los frutos que recogen porque han trabajado su relación. Y continúan haciéndolo. Son conscientes del privilegio de haberse topado con... el "lugar humano" (o "común") a que toda, o casi toda persona aspira.
Anoche les confesé que, si bien tengo la fortuna de conocer a varias parejas de las de “verdad de la verdadera”, ellos han sido –y son- mi referente por excelencia. Que no pocas veces les he mencionado cuando en otros círculos ha salido el tema del amor, parejas... y me he topado con algún escéptico. Siempre defiendo que el amor en realidad es una energía interior. Que distinto es el modo de compartirla y diferente que sea correspondido o no. Y que... si el ser humano es capaz de amar “siempre” a un hijo... ¿por qué no a una pareja? Si... “no se puede” es que no hay amor... ya; lo cual no significa que no lo hubiera en el pasado. Aunque opino que no pocas veces se confunden otras emociones, sentires y necesidades con el amor. Su “1+1 = nosotros” para mí es una prueba fehaciente de que existe la manifestación del amor en la que creo, así que la pongo sobre el mantel si se tercia, defendiéndola a capa y espada. O, reiterando un poco... son dos naranjas completas que al juntar sus zumos dan un resultado que, paradójicamente, es la leche. Porque en realidad, son dos...
Francisco Javier es un hombre culto y gran conversador. Prácticamente sabe de todo, pero no se las da de nada. Y claro, mi confesión dio pie a que la charla derivase por el terreno. En su exposición sobre el asunto dijo que esta era la época de la inmediatez. Que todo tiene que ser conseguido en el instante, sin valoración alguna del “esfuerzo” (algo que comprueba doblemente pues se dedica profesionalmente a la enseñanza). Añadió que las relaciones, particularmente las de pareja, dan trabajo. Pero ha de ser un trabajo que se realice con agrado. Si no se hace por propia voluntad... algo va mal, y si no se puede subsanar hay que ser consecuentes y tomar otro camino.
Ahora bien, no a las primeras de cambio. Recordando a una pareja que conocen y que recién se separó planteaba unas preguntas-respuesta: “Salvo que sea una evidencia de fracaso irreparable... ¿qué sentido tiene montar toda la parafernalia de componer una pareja, más aún si decides seguir la tradición, para no estar ni tres meses juntos y no lucharla ni un poco siquiera?... ¿Se nos ha olvidado el término “adaptación”?... ¿Que a convivir se aprende y es fundamental ceder en algunos momentos y llevar a la práctica el hoy por ti y mañana por mí?”. Volvió a mencionar que vivimos en la cultura de la ley del mínimo esfuerzo y que ahí es donde ve la base del problema. “Todo te lo traen a casa, todo te lo dan hecho... y eso nos convierte en vagos”. A lo que añadí: “También en “desmemoriados” que cuando queramos hacer... no sabremos cómo”.
¡Vaya, pero si pensamos igualiiiiito-igualiiiiito!... en este particular.
Concluimos que estos son malos tiempos para la lírica, lo cual no deja de ser un golpe bajo...
Gracias-gracias por una noche tan encantadora. Por supuesto, como suele ser habitual, todo estaba rico, rico, riiiiiiiiiiiicooooo. Y encima he vuelto a casa con una botellita de vino... ¡ay, ay qué bien me tratan!
Acabo diciendo que lo que Rosario y Francisco Javier tienen no es lo usual. Pero ellos existen y son... juntos. Con eso basta... y es suficiente para mantener mi fe.

El cumpleaños - Marc Chagall
.





