Yo no entiendo casi nada y me muevo torpemente, pero el espacio es hermoso, silencioso, perfecto.
Yo no entiendo casi nada, pero comparto el azul, el amarillo y el viento.
La tarde avanza lentamente, y yo mirando quiero ver. (Eduardo Chillida)
Esta mañana no fui a trabajar. Me pedí el día para realizar unas gestiones; “Asuntos particulares”, que dice el convenio.
Entre semana voy a nadar tras la jornada laboral, que en mi caso finaliza a las tres de la tarde, pero hoy fui más temprano al acabar pronto de... los asuntos particulares. Finalizada la sesión natatoria decidí caminar por el paseo marítimo, sito a las espaldas del complejo deportivo donde se encuentra la piscina.
Todo estaba en calma. Apenas había gente y Eolo no hacía acto de presencia... quizás porque temía mi venganza. De repente, ahí estaban ellos... una vez más. Rectifico: frente a mí estaban EL y ELLA. Los que sin saberlo pasaron a ocupar un lugar en el pódium de mi lista de... “parejas referencia”. Al reconocerles, una especie de burbuja invisible comenzó a envolverme... desapareciendo todo lo demás: personas, mar, su aroma, cielo, tiempo... Y dentro de ese espacio acotado de sentires... sólo cabida para ellos y yo, como flotando... no a cámara lenta pero sí pausada. De nuevo ese... “en ocasiones veo cosas” que he referido con anterioridad y que con frecuencia me asalta por sorpresa. .
Ella está muy, muy deteriorada. De hecho, ya parece que está... sin estar. Ya... no da ni siquiera aquellos pequeños pasitos. Ya no va, temerosa, cogida del brazo de él...
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Al mirarla... y verla, el corazón se me encogía y encogía... hasta que casi cayó una lágrima en la arena.
El empuja la silla de ruedas en la que ella, con la cabeza mirando al suelo... impasible respecto a su entorno... inmersa en lo que parece la nada, se mueve. O mejor dicho... la mueve. Continúa vigoroso a pesar de los años, con la misma ternura apacible dibujada en su rostro, con la misma amorosa dedicación.
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Al mirarle... y verle, el corazón se me agrandaba y agrandaba... hasta que casi cayó una sonrisa en la arena.
Ahí sigue, empujando la silla... sosteniendo a su compañera, a dos manos... .
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Ahí siguen... recorriendo en plural la distancia de vida que les quede.
Erase que se era Leve dirigiéndose a clase de danza oriental. Realiza el trayecto siempre caminando pues gusta de llevar a la práctica aquello de: “quien mueve las piernas... mueve el corazón”. Por otra parte en menos de media recorre la distancia y dándole a la patita además se ahorra la “tarea horribilus” de buscar aparcamiento en el centro; doblemente dificultada porque la mayoría de calles están levantás’ en la línea... “Obra de El Escorial”.
Para llegar al centro se ha de cruzar una avenida que atraviesa toooooda la ciudad de Norte a Sur, pudiendo decirse que es la arteria que la divide. Circunstancia esta que permite a cierto ser que se desplace a través de ella a sus anchas, largas, altas... y diagonales.
Esperaba la muchacha a que un semáforo le diera paso cuando... ¡maldición, rayos y centellas!: el dios del viento la pilló a traición colándose por debajo de su falda y duplicando su levedad, ya que casi-casi la elevó del suelo como si fuera un peso pluma. ¡Menudo bandazo le arreó!
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La traición se desarrolló en dos tiempos. En el primero, el “vestido bosque” que nuestra protagonista llevaba...
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dejó de ser tal para trocarse en algo así... . En el segundo... la campanita textil prácticamente se volteó completa hacia arriba dejando los leveinteriores corporales de nuestra protagonista a la intemperie. ¡Bufffff!... si por poco se lo arranca de cuajo, como quien se quita un calcetín. Mientras tanto el semáforo de peatones había cambiado a verde y sendos ejércitos de vehículos enfrentados presenciaban como Leve ofrecía el espectáculo. Otra vez: ¡¡¡MALDICION RAYOS Y CENTELLAS!!! Amos queeeee... ¡hasta ahí podíamos llegar! Ya no te ajunto, ale... Eolo.
Y colorín colorado... al traidor de turno, allende ese lugar al que nadie desea ser remitido... Leve le ha mandado.
Por favor... si alguien tiene la tentación de cambiarme el nombre que no sea por “badajo”. ¿Qué tal el de ella?...
A ver... no vaya a pensar el respetable que deseo vivir con faldas y a lo loco. Tampoco tintarme de rubio platino. La propongo porque lo acontecido ha sido mismamente igual. Ejem, más o menos igual. Ejem, ejem, más... más que menos.
Ni fármacos, ni técnicas de relajación, ni hacer deporte unas horas antes de dormir, ni un baño caliente... Contra el insomnio, lo mejor de lo mejor (leve-eficacia garantizada) es contar. Pero no ovejitas, lejos de lo que todo el mundo cree. Lo que hay que contar son cabritas. Eso sí... no pueden ser cualesquiera. Hay que acostarse, mejilla contra mejilla, ejem digo mejilla contra almohada, cerrar los ojos y visualizarlas como si fueran nubes que se forman en el cielo de nuestra mente... uuunaa, doooosss...
Leve.- Buenas noches. Sí... a nombre de Leve Estano Chemepon Goco Moel Quico.
Maître.- Sígame por favor...
(Tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac... tiempo que emplea Leve en ir tras el maître)
Maître.- ¿Le gusta esta mesa con vistas al "Arrecife de las Sirenas"?
Leve.- ¡Oh!, es perfecta.
Maître.- Le dejo la carta. Enseguida le toman nota...
Leve.- Gracias, muy amable.
(Tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac... tiempo que emplea Leve en la lectura... tic-tac, tic-tac, tic-tac...)
Camarero.- Buenas noches... ¿ha decidido ya?
Leve.- Hummmm... tomaré "carne ¡ñan-ñan-ñan! ", poco hecha.
Camarero.- Si me permite el comentario... es una magnífica elección.
Leve.- Confío en que así sea.
Camarero.- ¿De segundo?
Leve.- No tomaré segundo.
Camarero.- ¿Y de beber?
Leve.- Agua mineral.
Camarero.- ¿Alguna marca en particular?
Leve.- ¿Tiene "Evian"?
Camarero.- Con gas y sin gas.
Leve.- Sin gas, gracias.
(Tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac... tiempo que emplea el cocinero en preparar el plato elegido por Leve... tic-tac, tic-tac-tic-tac...)
Camarero.- Aquí tiene... buen provecho.
Leve.- No lo dude, aprovecharé... estoy hambrienta...
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(Tic-tac, tic-tac, tic-tac... tiempo en que Leve saborea la "spécialité du Chef" ... tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac...)
Maître.- ¿Qué le ha parecido?
Leve.- Un plato exquisito, pura delicatessen. Lo recomendaré fervorosamente.
(Tic-tac, tic-tac, tic-tac... tiempo que Leve emplea en hacer la digestión antes de ir a dormir y en aceptar que por la "ternura" de unos pequeñecos se volvió antropófaga... tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac, tic-tac...)
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Pd. Interesados-as en ver el vídeo en "detalle panorámico" asomarse aquí ... ¡Recomiéndoloooo!, tanto o más que el propio plato estrella. En lo que a mí respecta, cada vez que les tengo enfrente... ¡ñan-ñan-ñan...! se me despierta de nuevo el apetito. ¡Y cómo!
Pd 2. Carlota... ya te dije que estabas creando escuela, je.
Sé bailar agarrao' pero no sé bailar agarrao' y me explico. Nunca he dado clases de agarrao' y para que parezca que sé bailarlo, la otra parte debe saber de verdad de la verdadera, es decir conociendo los pasos y teniendo gracia, porque de lo contrario la cosa no funciona. Y es que soy muy... rebelde porque el mundo me ha hecho así, que cantaría Jeanette. Me sigo explicando. Si el varón sabe y "me dejo llevar" –el quid creía yo-... me salen alas en los pies y mi levedad se vuelve mayúsculamente LEVE. Si no, mal asunto porque quiero “mandar” y claro... no sale como debiera produciéndose “movimientus interruptus”. ¿Luchas de poder? No exactamente ya que mi mente si quiere dejarse llevar, pero mi cuerpo no lo permite... de vez en cuando. Es otra la razón, según el profesor.
Mi agarrao' se limita básicamente a lo experimentado con mi tío. Mi tío Paco –o padre postizo- es un excelente bailarín de tango, bailes de salón, pasodobles, incluso sevillanas... hasta el punto de que, una vez jubilado, ha estado dando clases como voluntario del ayuntamiento en una de las mega-asociaciones de vecinos de la ciudad. Nuestros encuentros danzarines solían darse en eventos tipo BBC (bodas, bautizos, comuniones) y nuestra especialidad era el pasodoble; de hecho lo único que bailábamos a excepción de algún "cha-cha-cha". Ahora bien... ¡pasodoble con figuras!... faltaría más.
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Tanto dábamos el pego (siempre y cuando yo me dejara llevar, insisto) que una vez en un restaurante al aire libre de una zona de veraneo, los extranjeros que lo llenaban debieron pensar que el hotel nos tenía contratados porque nos aplaudían cada vez que acababa una pieza. Igual ayudaba que éramos los únicos que estábamos en la pista, je-je. Por otra parte mi tío y yo no necesitábamos que sonara “Paquito el chocolatero” para marcarnos un pasodoble. Nos las apañábamos muy bien con cualquier música aunque fuera “Bakalao”... o hasta “Máquina” (que miren es estridente su sonido), ya que éramos expertos en adaptar, je-je-je.
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El tío Paco y la sobrina Leve en plena acción
Y cosas de la vida... tras varios años mi tío se ha cansado de ejercer de profesor y ¿quién le releva? Mi pareja amiga, Toñi y Pío, también magníficos “tanguistas” y “bailesaloneros”. Fue por ellos que hace unos meses asistí a una milonga y son los responsables de que vaya a aprender. Supongo que presa de las emociones que me provocó el tango aquella noche, algo comentaría respecto a mis otrora deseos. No sé cómo... pero el hecho es que me han encontrado "parejo", precisamente un chico al que le comenté que me había encantado su actuación: por cómo lo interiorizaba, por su vestimenta... porque lo hacía muy bien en definitiva.
Así que... tal vez me pueda quitar una espinita que tenía clavada tras un par de intentos infructuosos porque los “parejos” no eran los adecuados. O visto desde otra perspectiva la adecuada para los “parejos” no era yo. Ahora hay que ver si el muchacho y yo nos “acoplamos”, que esa es otra. Porque aunque comencé el domingo pasado, el susodicho estaba ausente por encontrarse de viaje. Pero como quiera que comenzar las clases se ha ido posponiendo por razones varias, mi pareja amiga insistió en que fuera y empezaría aprendiendo el paso básico con él.
Así lo hice. Me presenté y la primera mitad de la clase me la pasé girando con Pío, quien me tenía que “retener” para que no se me fuera el cuerpo por adelantado. Y pese a “cojear” en ese sentido alguna que otra vez... parecía que sabía bailar, je. Porque él ya es experto claro. Toñi, que estaba sentada y observaba, me hacía esto...
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La segunda parte de la clase me cogió el profesor, para tantearme supongo y también me tuvo que “frenar” de cuando en cuando. Madre mía... ¡qué gozada bailar con un profesional!... porque no caminas... vuelas a ras del suelo. Y aquí si que te crees que sabes. ¡Y hasta lo creen los demás!
Toñi y Pío opinan que me va a ir estupendamente. Que tengo aptitudes... que cogí a la primera el básico y que incluso pasos complejos que otros alumnos han tardado años en ejecutar, a mí me salieron sin haber tenido contacto previo con el tango. Yo les corregí diciéndoles que en ese momento no tenía la menor idea de lo que había hecho y que habría salido de chiripa. Sólo me dejé llevar... je-je, justo donde tengo más problemas. Y ahí parece que está la clave.
Días después Toñi me comentó que según el profesor no me dejo llevar porque... chan-ta-ta-chaaaaannnnn: tengo mucho sentido del ritmo. Y Don Ritmo no se espera a que el hombre marque movimientos, sino que obliga a mi corpóreo cuerpo a moverse antes. Entonces... ¿lo de rebelde con causa, qué?
Así pues... cinco confirmaciones en mi primera clase de tango:
1.- Es un baile muy difícil. Igual cuando sea menos novata lo veo de otro modo. 2.- Lo que más me gusta es la “milonga”... la “cunita externa" me salió de lujo (con el profe claro). 3.- Tengo que evitar girar la cadera, que se me va cuando no debe (cosas de la danza oriental que en ella está ida siempre y claro, para que regrese en otros bailes...). 4.- Mis “parejos” no tuvieron que ingresar en la Unidad de Grandes Pisoteados, pese a las dudas que tuvo un miembro del respetable ... :-P 5.- Al parecer... ¡soy una esclava del ritmo!...
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Claro... así me pasa que, salvo que me ate a la silla, no me puedo quedar sentada viendo los vídeos de otros blogs dependiendo de qué suene...
Destacaba entre todas. No por ser más alta, ni más guapa sino porque se veía como perdida aún encontrándose entre una multitud. Quizás eso le hacía "brillar" de un modo especial. Me he acercado y Mari Juana –así se llama- me ha pedido que la sacase de allí pues afirmaba sentirse como un pulpo en un garaje. Al comprobar que estaba medio mareada la he llevado fuera, a que tomase el aire... .
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U otro aire para ser exacta. Es decir... la he traído a casa. Ahora, tras votación democrática de todos los habitantes, se ha unido a la troupe y se queda a vivir en este hogar dulce hogar. Nueva compañera de piso pues. La pobre... era despreciada por las gardenias, las violetas, las araucarias, los ciclámenes, las drácenas, los pensamientos, los crisantemos... con los que convivía, quienes injustamente la consideraban la “oveja negra” de la familia. Y sólo por parecerse a una tal Mari Huana de dudosa reputación que dicen siempre está en paraísos artificiales. Aunque lo cierto es que no tienen el menor parentesco y ni por asomo les corre la misma sangre por las venas... ejem, la misma savia por los tallos.
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¿La similitud del nombre?... Mera coincidencia. ¡Qué culpa tiene la criatura de que su abuela materna fuera bautizada como María y la paterna como Juana! Sus padres, que eran muy tradicionales y claro... Menos mal que no se llamaban Eduviges y Robustiana... por poner un par de ejemplos.
. Yo le digo que no se preocupe... que comienza una nueva época para ella en la que todo irá bien y que será aceptada tal cual es, sin ser juzgada; mucho menos por su aspecto.
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Y que... ¡es una suertuda pues hasta canción tiene!...
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La "versión estudio" no tiene desperdicio... ¡qué caritas... qué guión... qué sonrisas... qué movimientos... qué vestuario... qué interpretaciones...!, sobre todo en la primera parte...
Vivo en una segunda planta. Siempre subo y bajo por las escaleras, salvo que lleve algo de considerable peso o vaya al garaje. Para acceder al mismo sin salir del edificio hay que introducir una llave en el ascensor y recientemente han cambiado la cerradura. El presidente de la comunité sólo me ha dado una y por aquello de que... “mujer previsora vale por dos” (o porque... “la experiencia es la madre de la ciencia”) he hecho una copia... pa’ curarme en salud por si la pierdo, se pierde, me la birlan... En resumen: por si desaparece de mi vista-manos.
De modo que he ido a la ferretería. Como ya sabrá el respetable una ferretería (comercio por cierto que me gusta un tanto) es un establecimiento donde se venden objetos varios de metal y otros materiales, pinturas, utillaje diverso... abundando clavos, herramientas, tuercas, herrajes, tornillos... una especie de paraíso para los aficionados al bricolaje. ¿O me va a negar alguien que visitar un “Leroy Merlín” no es una excursión en toda regla reglada?
. A la par que el ferretero buscaba la llavecita, que al no tener código y ser pequeña se hacía de rogar y no aparecía, hablábamos. Me comentó que no se solía llegar y besar el santo con las de menor tamaño. Que había tropecientos mil modelos -los cuales me mostró... o casi- y que a menudo había que buscar el adecuado durante un rato. Cuando por fin la máquina estaba “relieveando” (tocaba palabro) al inminente clon, miro a una esquina del mostrador y: ¡No me lo puedo “de creé”! Como viene sucediendo en los últimos tiempos... una vez más allí estaba EL, vigilante...
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¡Una libreta amorosa en una ferretería... me lo expliquen! . En la caja de la que asomaba llamando mi atención con un descarado: ”Psssst, aquí, aquí... cu-cú!"... (encima cachondeíto.... ¡seráááááá vacilón este Don Amor!), había otras hermanas gemelas pero primaverales ellas; con sus cubiertas floridas que no corazonadas. Miré alrededor por si había más artículos de papelería, pero no. ¡NO! Y lo que es más grave: ¡me ha amenazado!... . En fin... creo que este asunto se ha puesto serio y me veo en la necesidad de tomar medidas. Ya lo creo que lo haré. Mientras tanto, únicamente puedo gritar...
Una se despierta sonriendo ligeramente... y piensa que, aunque no lo recuerde, Morfeo debió dibujar en la noche un maravilloso paisaje para una...
Una se levanta, se prepara un té... y mientras en penumbra lo saborea sentada en la cocina, ausculta el silencio imperante presintiendo esos puntos suspensivos que son cada día en que vive una...
Una conduce dirección Este con la compañía de un cielo que desperezándose arde de pura belleza... y lejos de quemarse, se enciende una...
Una a veces derrama alguna lágrima... porque la belleza del espectáculo es tan inmensa que el caudal del alma se le desborda a una...
Y con cada amanecer... una siente el privilegio de despertar toda mañana tras esa pequeña muerte que es el sueño... de una.
Hoy Salvatore me ha dado una gran sorpresa. Se suponía que nuestro destino era otro pero, de repente y sin aviso, ha virado el rumbo y me ha llevado a un lugar que hacía mucho tiempo que no visitaba. Alguien más nos acompañaba: en el maletero había una cesta de mimbre que contenía un suculento ágape que haría las delicias de nuestro paladar.
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Mi guía dijo, además, que como invitada de honor no tendría que ocuparme de nada... que él se encargaría de prepararlo todo; incluso de recogerlo una vez hubiésemos acabado. Y el respetable se preguntará: ¿Cómo es posible que un coche despliegue un mantel de cuadritos, necesario en cualquier picnic que se precie? Fácil... .
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Lo consiguió haciendo que sonara a través de sus altavoces la melodía en cuestión (“Mooglow”, de Morris Stollof), que me ha abducido transportándome a la puritana norteamérica de los años 50.
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La panorámica no podía ser mejor: Kim Novack y William Holden frente a frente... silenciosamente... sensualmente. La seducción hecha baile de miradas, de cuerpos con efervescencia contenida, de vibrantes pasiones a punto de desbordarse. Miradas que se enlazan y nada más importa. Durante unos minutos... el mundo desaparece para ellos. Un tiempo detenido de tiempo. Un instante en el que su acercamiento es lo único que tiene valor. Su proximidad cada vez... cada vez más cerca. Imanes humanos con una sola misión: unirse cadenciosamente... a través del invisible hilo de deseo que une sus retinas.
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Posiblemente una de las escenas más seductoras de la historia del cine.
Una vez más no estoy aquí (ejem... ya amenacé con que me aficionaría a la bilocación).
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Pero sí allí... dando mi primera clase de ¡chan-ta-ta-chaaaaannnn!...
Quién no quiera "recibir" como el mirón que se ha colado en la pista que se aparte. No es culpa mía, propiamente je, sino de mi posición de novata. Y miren que le avisé... pero el tipo ni caso.
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Lo que no me hace mucha gracia es el horario: ¡domingo por la noche! Pero es que mi "parejo" (¡de baile!) no puede el martes, que sería la otra opción. En fin... por todo hay que pagar un precio.
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Con permiso, voy a seguir con mi "Cumparsita"...
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En esta ocasión de la mano del genial Carlos Saura con su título "Tango" y de uno de los mejores -para mí- fotógrafos del cine actual: Vitorio Storaro o lo que es lo mismo... el mago de la luz.
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Y no me puedo resistir a dejar otra virtuosa versión...
Soy alumna de los indios guaraníes en algunas asignaturas. Ellos me enseñaron que en su lengua "ñe'~e" significa “palabra” y también “alma”. Y creen que quienes mienten la palabra, o la dilapidan... son traidores del alma. Porque si doy mi palabra... me doy yo. Y si mi palabra estuviera vacía de la música de la verdad... ¿qué tendría yo dentro salvo ruido?
En un comentario de esta entrada hice una promesa a alguien. Finalmente no pudo ser el sábado pasado porque viruses varios lo impidieron pero hoy, Myriam, ha ido por ti... .
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Y también por todo aquel-la que desee sumergirse en sus aguas.
Las promesas, chiquitas o grandes, leves o densas... sólo tiene una razón de ser: su cumplimiento.