lunes, 30 de junio de 2008

Rojo - Amarillo - Rojo

Solía hacer mías unas palabras que Amin Maalouf puso en boca de León el Africano, repitiéndomelas a menudo: "Soy hija del camino, caravana es mi PATRIA y mi vida la más inesperada travesía."
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Hoy, en cambio, no puedo sino decir hasta las trancas, e incluso cantar...



¿Es necesario que añada el por qué?
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¡Y que viva, que viva, que viva, que viva, que vivaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa... olééééé!
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domingo, 29 de junio de 2008

1 + 1 = Nosotros

No eres mío.
No soy tuya.
Pero juntos ...
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somos nuestros.


Imagen: "Amantes" - Nicoletta Thomas.

sábado, 28 de junio de 2008

Un reguero de teclas de amarillento marfil

Damas y caballeros, damen und herren, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen... esta noche, en el Cabaret "La luciérnaga", la elegancia hecha mujer se sienta al piano.

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Y "sin zapatos". Otra más. Dios las cría... y ellas se juntan.
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jueves, 26 de junio de 2008

Posdata, in extremis

Se dice, se comenta, se rumorea que los chicos de Aragonés han jugado ¡¡¡de escándalo!!!
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No sabe, no contesta (la que suscribe). Sea como fuere mis felicitaciones para todos ellos ya que al parecer se han ganado a pulso el triunfo. Otra vez ... ¡olééééééé!
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A mí el fútbol ¡plim!

Pero no la alegría compartida, que se cuela a raudales por las ventanas de casa. Y como quiera que a minuto de que acabe el partido del año -si no del siglo- España marca tres goles y Rusia ni uno, no me queda otra que cambiar las tornas a la hora de asomarme aquí y soltar un sonoro ...

¡Olé!

Eso sí, lo siento por los rusos. Otra vez será chicos, que ya nos iba tocando.

La ciudad se vuelve loca ... algarabía, gritos de júbilo, coches que pitan ... ¡qué contentos! .... ¡qué contenta! (yo). Para variar el ruido no me va a disgustar y hasta casi aventuro a decir que todo lo contrario. Aunque ... preferiblemente que no dure demasiado por fa, que tengo que (y quiero) dormir.

domingo, 22 de junio de 2008

Help!

Ayer 26 grados de temperatura. Hoy 36. ¿Qué cuerpo aguanta esto sin trastocarse?
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El mundo se derrite ...

y yo con él.
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Inch' allah

Llegamos al auditorio. Un vertiginoso ensayo general... posiciones sobre el escenario. Locura en los camerinos. Mujeres corremos de aquí para allá mientras nos dibujamos en el rostro la máscara de nuestro sueño más oriental: ¡abróchame por favor!... ¿me colocas el bindi?... ¡ayúdame con la purpurina!
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El aire está repleto de partículas nerviosamente placenteras. Curiosa dualidad: algo que te hiere y te acaricia al mismo tiempo.

Por fin descalzas, vestidas y maquilladas como Sherezades prestas a regresar a las mil y una noches, aquellas de las que quizás nunca debimos salir.

Calentamiento corporal. Estirar bien piernas, caderas, cuello, cintura, brazos... hay tiempo, somos las penúltimas en actuar.

¡Preparadas para ir a escena!, se escucha. Nuestro turno ha llegado.

Situadas entre bambalinas. Unos focos cegadores se encienden frente a ti. ¡Dios mío ... ya no hay salida! .. Pero ¿qué... cómo tengo que bailar?... ¡no recuerdo nada... socorro! Mente en blanco. ¿Y cuerpo?

El corazón latiendo a mil por hora. Respiras profundamente pero ese ritmo lento que procuras no impide lo que llaman “pánico escénico”, que en cada actuación se repite, que amenaza con paralizarte, sin embargo una fuerza extraña e intensa te empuja a salir: el auténtico deseo de bailar, al margen de todos y todo, al margen del miedo... infundado en la mayoría de ocasiones.

La suerte está echada.

Se abre el telón y pisas ese espacio que caminaron profesionales a los que admiras... e impregnada tal vez por su energía residual, te dejas llevar por el trozo de tela de seda que te sigue como sombra serpenteante... ¿Bailas o vuelas como el velo que te vela?

A mitad de la canción el público aplaude con fervor. Y, en ese instante, nos crecemos hasta reconocernos como verdaderas princesas árabes que buscan el cielo con su mirada, altivas, misteriosas... al menos por unos minutos, esos... nuestros minutos.

Acabada la actuación saludas, te retiras lentamente, mientras la adrenalina regresa a sus niveles normales, y permaneces un tiempo en absoluto silencio, comprendiendo por qué los artistas lo son. Verdaderamente hay algo, una especie de germen adictivo que te dice: más, quiero más.

Y, aún compartiendo alegrías y felicitaciones con público y compañeras, te marchas ensimismada en tus propios pensamientos, entonando en tu interior aquella canción de Concha Velasco... maaaaamááááá quiero ser artistaaaaaaaaaaa, ooooh mamááááá, ser protagoniiiiisssttaaaaaa, con pieles o harapos con tal de ser trapos de estrella solista que hace suspiraaaaaarrrrr. Mamááááá quiero ser famosaaaaaaaa, ooooh mamáááá ser la más hermosa, firmar talonarios y en el escenario pisar a diario alfombras de rosaaaaasssss, mamá por favor compréndeme quiero ser artiiiiistaaaaaa, ¡chin pon!

Y lo mejor es que en apenas un par de semanas volveremos a serlo... a ser artistas, inch' allah.
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Leve... volando... el velo

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Inch' allah = "Si Dios quiere"... además del título de la canción que bailamos.

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jueves, 19 de junio de 2008

Alucino con mis superpoderes (y también con otras cosas)

¡Superleve en acción! Puedo mover objetos a voluntad con mi mirada. O lo que es lo mismo, con mi fuerza mental ¡En serio!
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Cómodamente sentada en la silla, con los brazos apoyados donde corresponde, ordenador encendido, me dispongo a una sesión de telequinesia. El ratón con movimiento cero ya que mis ojos le sustituirán ... Inicio-configuración-panel de control-conexiones de red-activar .... ¡listo! A otra cosa mariposa ... agregar programas-tararí,tarará-aceptar ... copiando archivos ... El cursor se mueve de abajo a arriba, de derecha a izquierda, en diagonal ... barriendo la pantalla de forma posesa casi a la velocidad del rayo, y sin mover un solo dedo. Testado: equipo O.K. ¡Mi megavisión puede con todo!

Desde hace unos meses pasaron a dominio el sistema informático de mi centro de trabajo, con la consecuencia de que los usuarios ya no podemos intervenir prácticamente en nada cuando surge algún un problema. Eso significa que tareas de mantenimiento que podíamos realizar ya no son posibles, e incluso la solución de problemas de poca envergadura está en manos de Servicios Centrales, en otra ciudad. No dudo de las ventajas que ofrece pertenecer a una macro-red en cuanto a seguridad, actualizaciones, sincronizaciones y demás peeeeeeeeeero, existe la cruz de la moneda, como en casi todo.

Si bien la voluntad de los informáticos asignados es la de atención rápida, en ocasiones –las menos afortunadamente- no dan abasto para atender la demanda de toda una comunidad autónoma con la premura necesaria. ¿Consecuencia? Algo que resolvería en un momento un usuario con algunos conocimientos informáticos, tarda varios días en solucionarse. Porque entre que fulanito lo comunica a menganito que es encargado del departamento de zutanito que a su vez ... De cajón. Pero este es el “peaje” hay que pagar por la bonanza de la autopista virtual.

(Pequeño inciso.- Por cierto, la “teleasistencia” comienza a tocarme un poco-bastante los ovarios. ¡Se extiende por doquier! Supongo que por fallos de conexión u otras razones cualquiera se las habrá tenido que ver con el “Servicio de atención al cliente”, o con el “Servicio técnico” de los operadores de este país. Y me atrevo a imaginar que hasta se solidarizarán conmigo –si el dolor une imagino que tres cuartos de lo mismo ocurrirá con la impotencia y cuasi desesperación-. Incluso me ha llegado a pasar tener que decirle al “técnico” de turno lo que ha de hacer para “ayudarme a resolver mi problema”. Y sobre que te mienten descarada e impasiblemente ... sobre eso no me extiendo, mencionado queda. Fin del inciso).

A mi regreso de unos días de ausencia laboral me he encontrado con que un programa ha desaparecido por arte de magia. Expedientes x del servidor puesto que el equipo no se ha utilizado. Pero tampoco hay que sorprenderse ya que algún que otro misterio nos regala de cuando en cuando.

Pero el día de mi vuelta en realidad tuve suertuda suerte –doble- por lo que justo después aconteció. Tanta fue mi suerte que comuniqué on line la incidencia y en media hora el técnico –muy majo él, además de técnico de verdad- ya estaba al otro lado del teléfono; lo nunca visto, ni Billi el rápido. Supongo entonces que sí tomaron en cuenta la palabra URGENTE (y real) que se leía en mi demanda, pues no es que no pudiera ejecutar mi pan nuestro de cada día informático (o programa), sino que se había evaporado. Ni rastro de él.

El técnico me dictó unas directrices y mi superarchimegavisióndealtísimoalaparquebajísimoespectro comenzó su demostración de poderío. Claro que no habría sido posible si quien suscribe no hubiera aceptado el control remoto y Jose, que así se llama el servicial muchacho, no hubiese resuelto los problemas en un periquete desde su propio ordenador. Niquelao’ quedó el equipo y yo alucinaíta perdía.
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Estupendo el control remoto pero a mi juicio es un exceso no contar con “ciertos permisos” para solventar cualquier tontería que puede paralizar horas el trabajo, cuando no anularlo toda una jornada. Sin embargo ... donde no manda patrón no manda marinero, así que no queda otra.

Y me da por pensar que si antaño los reyes del mambo eran el alcalde, el médico y el cura, hoy día el soberano supremo es el informático.

Una gran ayuda la tecnología, sí, pero del mismo modo estamos vendidos. Sin ir más lejos media hora después de que Jose solucionara mi papeleta hubo un “problemón”, esta vez con las líneas, que impide desde entonces conectar a internet (dos días ya); y hablo de toda una provincia. Ya pueden espabilar las dos compañías timofónicas implicadas porque esto puede hacer mucha pupa y quien sabe si alguna cabeza acabará rodando.

Sí, alucino. Casi nunca dejo de alucinar, si no por una cosa por otra. De hecho a menudo vuelvo a alucinar con lo que en algún momento ya aluciné. O sea, realucino con lo alucinado previamente.

No me sucede todos los días pero sí con cierta frecuencia alzo la mirada al cielo y me detengo ensimismada mirando un avión. Y alucino. Sé que existen leyes físicas, aerodinámicas, no se qué no se cuanto que en conjunto justifican el fenómeno ... pero yo veo aquel bicho de toneladas de peso, no sólo sosteniéndose en el aire sino además volando, y no me queda otra que sentirlo como un milagrito, por más que nuestros ojos se hayan acostumbrado a su presencia, por más que la ciencia lo explique.

Y alucino al ver ese barco de toneladas de peso que no se hunde y surca los mares, con más peso aún que el de su esqueleto si navega con las bodegas llenas de carga.

Y alucino cuando la concepción de la vida se realiza en un laboratorio para a continuación transferir la semilla fecundada al que será su hogar durante nueve meses, hasta ser parida.

Pero sobre todo, sobre todo ... alucino cuando un equipo médico retira un órgano del cuerpo de una persona que ya no estará, para regalar vida a otra que gracias a ese traslado podrá permanecer mucho, mucho más.

Alucino, sí, y también sonrío. Y en un lugar visible de mi memoria enciendo un neón con un mensaje: en esos momentos en los que la barbarie de tu especie a punto está de hacerte renegar de ella, recuerda también cuantas ... cuantas maravillas consigue el ser humano.

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miércoles, 18 de junio de 2008

Do, si, la, sol, fa, mi, re, do

Recién llegué. En el trayecto de vuelta me acompañaba él, pero se apagó el motor antes de que finalizase su actuación. Ahora, desde ... en casa, puede entonar la última nota sin guillotinas que sesguen su voz y piano.


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¡Plas, plas, plas, plas, plas ...!
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lunes, 16 de junio de 2008

La gente corre, corre, corre

Yo, no tengo tiempo ...
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para tener prisa.
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viernes, 13 de junio de 2008

lunes, 9 de junio de 2008

Yo ...

al otro lado del espejo.
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Es decir ... a este.
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viernes, 6 de junio de 2008

Inauguración

Damas y caballeros, damen und herren, mesdames et messieurs, ladies and gentlemen, pasen y vean ... el lugar donde todo lo que no es puede llegar a ser, y donde todo lo que es puede dejar de serlo. El lugar que acogerá a blancos, a negros, a grises, a apátridas, a noctívagos, a aves diurnas rezagadas ... Aquellos que busquen un poco de luz ... ¡pasen, vean y sean bienvenidos al cabaret “La luciérnaga”!
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miércoles, 4 de junio de 2008

Criaturas que crean

Hace años vi un documental que trataba sobre la ballena franca. Narraba el largo viaje en busca de krill que realizan una vez paridas. Recuerdo que, en su mansedumbre y curiosidad, una hembra y su cría se dejaban contemplar por un par de submarinistas que danzaron y jugaron con ellas, particularmente con la pequeña. El resultado fue un espectáculo en el que me habría encantado participar de manera activa.
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En un momento dado la cámara se acercó al ojo del ballenato y quedó fija en él, ocurriendo algo sorprendente que aún no he podido responder. ¿Cómo la mirada de un animal podía resultarme tan profundamente humana?

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Desde entonces aquella mirada me persigue, de cuando en cuando, como hoy. Pero no lo hace a modo de fantasma sino como recuerdo deleitoso. Así pues ... la observación de ballenas, de delfines ... de cetáceos, esos colosos soberanos del medio acuático, esos titanes, dioses del mar. Bailar con ellos, escuchar sus cantos, saber que existen, que aún siguen ahí, embelleciendo los mares ... todo un conjunto de placeres que añadir a la vida.

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lunes, 2 de junio de 2008

Crónica de un vuelo

¡He resucitado! Y menudo alivio, pensaba que tendría que escribir desde ultratumba.

¡Ah sí!, aclaro para que se entienda. Siendo pequeña jugaba con mis hermanas a una cosa. Cuando veíamos la televisión y salía una mujer guapísima de la muerte, o una guerrera despampanante y valerosa, o una princesa encantada, o un ángel de Charlie, o una heroína de otro tipo ... la primera que decía: ¡ESA SOY YO, ESA SOY YO! pues eso, era ella sin que nadie rechistase ya que ... ser ese ser, se lo había ganado a pulso por anticiparse al resto. Y como quiera que –aunque peque- en edad les aventajaba, huelga decir la de mozas de infarto que he sido a lo largo de mi vida. Vamos ... me faltan dedos para enumerar.

Tras esta pequeña introducción cuento que acabo de bajar del lomo de un dragón al que me subí para realizar un vuelo. Y aunque redunde al decir que suena a “cuento”, no lo es.

Naturalmente en el instante en que Melisan -hija del mago verde (que le quiero verde) Carolinux- apareció en pantalla, me descubrí en mi interior diciendo: “¡esa soy yo, esa soy yo!”. Ni que decir tiene que se trataba de una dulce y noble muchachita, a la par que rubia de inmensa y delicada belleza. Tan sólo rechazaba de ella las alcachofas que llevaba trenzadas en sendas orejas, y es que el peinado en cuestión estropeaba su preciosa y larguísima melena de color oro; amén de que parecía un clon de Dulcinea del Toboso, como ya sabemos cuasi parienta del ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

Sin embargo debo confesar que me precipité en mi elección ya que cuando apareció Danielle de los bosques – juraría que hija de Robin y por ende con gran destreza en el manejo del arco y la flecha, además de noble y valiente hasta las trancas-, todo atlética, con ídem cabellera que Melisan pero pelirroja y unos ojazos azules que parecían más faros que ojos ... no me quedó otra que rectificar ante semejante bombón de fémina. Y repetí en mis adentrados adentros: ¡ESA SOY YO, ESA SOY YO! (en esa ocasión con más intensidad, de ahí las mayúsculas).

Aunque pueda parecerlo no, no es que me venda al mejor postor. Sucede que me reconocí más en Danielle ya que Melisan resultó un poco light de carácter. Y vuelve a suceder que el caballero con armadura que acompañaba al protagonista masculino en su viaje iniciático, tenía pinta de que bebería los vientos –y hasta los océanos- por mí, y me veo más con alguien a quien ya las sienes le platearon un poco que con Sir Peter, que así se llama el prota. Total que me dije: “estupendo, así nadie sale disgustado. La rubia con el joven, que además se atraen y hasta ya se han dado un piquito, y yo con el caballero enlatado, que posiblemente hagamos muy buenas migas; si depura un pelín ese “pronto” que a veces le invade claro. Pensándolo mejor ... ya que se dice, se comenta, se rumorea que el amor debe ser incondicional aceptaré esa arista, que supongo debe ser marca de la casa de todo caballero que se precie. ¡Menudo oficio! ... pobres, todo el día luchando, enfundados en metal, mal comiendo, mal durmiendo ... ¿cómo no se van a enfadar? ¡Unos héroes es lo que son!, aunque no salgan en el telediario. Tampoco su tono de voz me hace mucha gracia pero ... tendré presente la incondicionalidad por aquello de que todos tenemos taras. "
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Dicho y hecho: rehice reparto de personalidades y cada uno a su tarea. La mía, también ser compañía en la empresa que nos ocupaba: salvar el mundo de la magia derrotando a la malísima maldad.

Pero hete aquí que, en esa lucha entre bien y mal que era el intríngulis de la historia, el dragón malo (la mayoría son buenos si no están hechizados) nos la jugó en un momento dado, con el resultado de que morí. O para ser exactos me mató. ¡¡¡Oooooooooh, bnzkydtuy nñlkashgipuyaiuwet olbnaiusriuygawoir kjaskghiuasyidut!!! (improperios varios que no conviene reproducir de feos y fuertes que suenan). Aunque no inicié el tránsito al otro lado sola ya que mi canoso caballero me siguió un par de minutos después. Además lo hizo mu’ romántica y solemnemente, en plan Cyrano de Bergerac. Dijo algo como ... “Hubiera pasado todos los días de mi vida junto a ti,”, mientras lloraba mi ausencia (¡snif, snif!), “ahora, que ya no es posible, te acompañaré en el camino de la muerte” continuó. Ays, ays que me emociono, ¡qué entregado mi caballero ... hasta el último instante de su life!

Aunque claro, como muerto el perro se acaba la rabia, ejem digo ... muerto el dragón se acaba todo lo malo que hizo pues ... voilà!, regresé ... regresamos a la vida después de que Sir Peter le liquidase en su batalla personal e intransferible (imprescindible en cualquier historia de aventuras una lucha final en la que el bueno gane al malo, ya sin ayuda externa), venciendo en este caso no a base de espada sino de raciocinio y conocimientos científicos.

Y aunque fueran dibus pesqué alguna perla sabia pues se encuentran en todos lados si se está atento. He aquí un par:

“El temor gobierna al hombre”.

“Si el hombre debe superar lo insuperable, debe existir magia para que le inspire. El mundo necesita de la magia ... la magia no puede morir”.

Esto es todo, que no es poco. Agradezco a mi amigo Urko que me facilitara el pasaje de retorno a mi infancia. Como transporte he empleado una película de animación de 1982 llamada “El vuelo de los dragones”. Y yo, tras verla –y hasta formar parte de su elenco ¡qué suertuda!- puedo asegurar, como diría el anuncio, que: “¡Hoy me siento flex!”
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