lunes, 30 de mayo de 2011

¡¡¡Leveindignada!!!

¿La libertad de expresión...








en vías de extinción?



(Imágenes tomadas en "Plaza de Cataluña", Barcelona, hace tres días).


jueves, 26 de mayo de 2011

jueves, 19 de mayo de 2011

¿Me concedes este baile?

Ha pasado algún tiempo desde que no asistía a ese gran baile, aunque hasta no hace mucho solía acudir con cierta regularidad. Se celebra en un palacio inmenso. Es un lugar en el que, sin necesariamente pretenderlo, te topas con infinidad de aspirantes que se ponen a la cola para que les concedas una pieza; o como mínimo que les prestes algo de atención. Ya desde chiquita mi madre me previno: “Hija mía... no bailes con desconocidos, nunca se sabe adonde te querrán llevar”. Pero... ¿cómo resistirse a la posibilidad de lo inexplorado?... ¿cómo no probar nuevas sensaciones si son las que descubren inéditas pasiones?

Hoy, inesperadamente, recibí una invitación así que me he puesto mis mejores galas y he vuelto a cruzar sus puertas. Nada más acceder a su interior he comprobado que, para no variar, había un montón de candidatos a los que nunca había visto anteriormente. Otros tantos... me eran familiares. Incluso con alguno tenía amistad desde antaño. Me hice la firme promesa de que sólo bailaría con seis. Los seis primeros que me lo pidieran; independientemente de cuál fuera su aspecto y abolengo.

Primero se me acercó Sumando, de profesión contable. Entre paso y paso me explicó que su dedicación laboral no era gratuita ni fruto del azar, sino consecuencia de una auténtica vocación surgida en la tierna infancia. En su fervoroso casi monólogo, añadió que le fascinaban las combinaciones que se lograban acumulando cantidades parciales, que unidas unas a otras lograban conformar un todo. Decía algo así como que sumar... venía a ser la creación constante de universos varios que, a su vez, forjaban el gran universo. ”¿Ah sí?..¡no me digas!...”, logré apostillar, deseandito que acabara el pasodoble que nos tocó. No estaba yo para números y además se pasó tooooodo el tiempo hablando de lo mismo. Y por si fuera poco, me pisó un par de veces. ¡Ay!


Seguidamente le tocó el turno a Costumbre. Habíamos sido pareja de baile con anterioridad en multitud de ocasiones. Nos teníamos el punto cogido... o mejor dicho se lo tenían nuestros pies y la pieza fue de corrido. Digo de volada. Me contó que nunca se había sentido tan halagado como cuando Miguel de Unamuno le eligió para representar a la que había sido su compañera de vida: "[...] se me fue mi santa mujer que era mi costumbre y mi alegría, y me daba lo que siempre más me faltó: serenidad y contento de vivir. Nunca creyó en la muerte, como yo nunca he creído en la vida”. Pensaba en jubilarse ya, pero como trabajar era costumbre y andaba bien de salud, aún seguía en la faena.

Con Lila me encantó bailar... giramos y giramos en aquel vals... sin que apenas abriese la boca, pero desprendiendo un olor maravilloso que me tenía medio hipnotizada. Al preguntarle al respecto, respondió que su aroma llevaba un ingrediente secreto, transmitido naturalmente de generación en generación en su familia. Cosa de epidermis, para que nos entendamos. Que por otra parte, indiscutiblemente le dotaba de una personalidad que cautivaba el ánimo de cualquiera que se encontrase alrededor. De hecho más de un perfumista le propuso incluirle en nómina de grandes firmas del sector. No aceptó las ofertas. Se negaba a abandonar el campo, lugar en el que residía, y trasladarse a grandes ciudades, que era donde requerían sus servicios. ¡Mmmmmmmmmm... penetrante huella me dejó!


Miré mi cartilla de baile y vi que le tocaba el turno a Bendita. Ni a posta sonó la pieza con que nos obsequió la orquesta. Bailar salsa con un carácter que es pura dicha y contento... no tienen parangón. ¡Hasta acrobacias realizamos!... a la par que nos hicieron un corrillo y animaban. Se ve que gustamos a ritmo de... ¡asúúúúúcarrrrr!

Recordar llegó cuando comenzaba a escucharse el bandoneón melancólico de un tango. ¡Madre del amor hermoso!... me apretaba tanto que casi me obligó a acordarme de sus ancestros. Y no precisamente en positivo. “Te recuerdo que no te recordaré”, me dijo. Y a mí que me va a quitar el sueño, pues sí queeee... No debí dejarle buen sabor de alma.

El último baile -que miren que tengo fondo físico pero ya estaba fatigaíta y necesitaba un descanso- lo tenía reservado para Freno. Un bolero. Resultó ser algo (bastante) pulpo y claro... yo venga subirle el tentáculo, ejem... quiero decir la mano que, como quien no quiere la cosa, dejaba caer sobre mis posaderas a la par que le instaba: ¡Quieeeeto parao’, que te veo venir!... ¡Stop!... ¡Frena Freno!


Finalmente todos quisieron que hiciéramos un baile conjunto y, en el palacio Diccionario, esta fue la pieza que sonó para nosotros: “Entre lilas, freno la bendita costumbre de recordar sumandos” (¡ops!... ¿es casi poética o me lo parece a mí presa de este levefrenesí lúdico? :-D


Y lo relatado, damas y caballeros, ha sido la crónica en versión Leve y/o en levelenguaje. Ahora en cristiano, pa’ que se entienda.

Hasta no hace mucho jugaba a algo. Me sentaba cómodamente en el sofá... abría el diccionario y, con los ojos cerrados, serpenteaba con el dedo índice, paseando sobre la superficie de las páginas y parando en seco, sin saber dónde me detendría, me iba topando azarosamente con una palabra no buscada. Y así... abrazaba palabras viejas y nuevas... saboreaba su sonido leyéndolas en voz alta, con diferentes ritmos, detectando si era musical al oído... si lo contrario... descubriendo sus significados...

Jugaba con las palabras... las palabras jugaban conmigo... y teníamos, por lo general, el gusto de habernos conocido (o disgusto a veces, pa’ qué nos vamos a engañar). O de recordarnos, si hacía tiempito que no nos veíamos. Y hoy... ha vuelto a ocurrir.


Me consta que la segunda versión es más inteligible peeeeero, es que mi vestido de gala estaba hecho con tul de imaginación, puede incluso que con un fajín de seda de bobería, y claro... el resultado... es el que es.

Pues eso.

Game over! :-P... por hoy.

Pd. ¡Ah!... no se le ocurra al respetable estrenar zapatos... precisamente el día que vaya un baile. ¡Pasa factura! :-P

Pd. 2. Vaaaale, de acuerdo. Para el baile colectivo (novedad lo de formar una frase) me he tenido que sacar la preposición “entre” de la manga y aplicar algún que otro plural y artículo, pero es que si no... ¿cómo iba a sonar siquiera?



lunes, 16 de mayo de 2011

La vie en rose

A veces es necesario subirse a la cometa de la dulce fantasía...


para bajarse del carro de la amarga realidad.


lunes, 9 de mayo de 2011

Es 9 de mayo...

Musa, joven africano, se encontraba ayer en su casa, por la mañana, cuando escuchó unos gritos procedentes de la calle. Se asomó a la ventana y vio que un hombre atacaba a una mujer. Bajó todo lo deprisa que pudo cuando Arancha, de 30 años de edad, ya agonizaba en el suelo, desangrándose. El ex-marido, que esperaba escondido, la sorprendió por la espalda apuñalándola una y otra vez. Mientras era atendida por unos viandantes, Musa corrió tras el agresor sin tener en cuenta a otros testigos que le pedían que no le persiguiera, pues llevaba el cuchillo en sus manos: “Hay que ayudar a la gente”, respondió el muchacho, cuando todo había pasado y le preguntaron sobre su actuación.

Logró retenerle, junto a otros dos hombres, no muy lejos del lugar del crimen, a la espera de que llegase la policía. En la persecución el agresor se había desecho del arma y dicen que preguntaba, aturdido, qué había pasado... si la había matado...

Es 9 de mayo de 2011 y el próximo día 15, la hija mayor de Arancha haría la Primera Comunión.

Es 9 de mayo de 2011 y el hijo menor de Arancha también se ha quedado sin madre.

Es 9 de mayo de 2011 y la existencia de no poca gente nunca volverá a ser la misma porque Arancha ya no está... y por cómo ha dejado de estar.

Es 9 de mayo de 2011 y son dos las mujeres en mi ciudad muertas en lo que va de año, a manos de hombres que tuvieron que ver con ellas sentimentalmente.

Es 9 de mayo de 2011 y el mismo día que Arancha, otra mujer fue degollada por su pareja en Madrid. Una más en Gerona, el viernes.

Es 9 de mayo de 2011 y las víctimas alcanzan la cifra de 23 a día de hoy; sólo en España. Su bien más preciado... sus vidas, les han sido arrebatadas violenta... gratuitamente.

Es 9 de mayo y vuelvo a sentir ese escalofrío que me recorre de pies a cabeza cada vez que la suma aumenta.

Es 9 de mayo y aún tengo que escuchar, con más frecuencia de la que desearía, que los inmigrantes vienen a este país únicamente a delinquir y robar el trabajo que pertenece a los oriundos del lugar por derecho de nacimiento.

Es 9 de mayo y reitero y reiteraré... porque rechazo y rechazaré.

Es 9 de mayo... tiempo de primavera, tiempo de flores... flores para todas ellas...



sábado, 7 de mayo de 2011

Levepolisemia II

Nadear.

(Del lat. natāre).

1. Dícese del traslado de un cuerpo en el agua producido por movimiento de brazos, piernas y/o cola, sin tocar el suelo ni tener apoyo, con una "e" extraviada de otra palabra que se coló entre sílabas...


2. Dícese de la leveocupación de una jornada completa en la que haciendo nada...

se consigue todo.


lunes, 2 de mayo de 2011

El grito callado del mundo

Amanecí triste el sábado. La noche anterior estuve con alguien querido que me dio malas noticias... que necesita una ayuda que no puedo brindarle. Y si me entristece no poder hacerlo, más me apena que merece justo lo contrario a lo que le sucede; y sucederá no sabemos hasta cuándo. De hecho ya lleva mucho tiempo pasándolo mal.

Con mi tristeza salí a la calle. Tenía que comprar algunas cosas. Casi llegando al supermercado vi que en la puerta había un indigente, pidiendo. Imagino que como en cualquier ciudad, la escena ha pasado a formar parte del paisaje cotidiano. Prácticamente nadie reparaba en él, aparentemente. Un... invisible más. Porque miramos para otro lado... cuando, por unas u otras razones, no queremos ver. Y no estoy juzgando que esté bien o mal, tan sólo digo que lo hacemos.

Raramente doy dinero a quienes piden limosna. Entregarles algo de comida... con más frecuencia. Sí lo hago en alguna ocasión, cuando quien lo pide me conmueve; aunque salte a la legua que lo invertirá en alcohol u otras sustancias. Quizás no sea adecuado... o tal vez sí, no sé y tampoco importa demasiado, pero me da por pensar que siendo “irrecuperables” (como lo son en gran mayoría), escapar temporalmente de su realidad a través de paraísos artificiales es la única alternativa que les queda frente al desamparo. La calle es dura... durísima, y los que tenemos el confort de un hogar no podemos ni imaginar lo que significa tener que vivir a la intemperie... física y emocional.

Nunca doy a quien utiliza a niños como reclamo, ni a mafias archiconocidas que son fácilmente identificables; sobre todo por su origen. Gente a la que llevo viendo años y más años apostada en una puerta sin más tarea que decir: “Hola”, con presión psicológica incluso, sosteniendo el cartel de una virgen entre sus manos. Gente que, con un aspecto de lo más saludable, cuando había trabajo, podría haber trabajado. Pero... esas pequeñas o grandes organizaciones, han convertido la limosna en “oficio”, ligado con frecuencia a la cultura en la que se han desarrollado y, más allá de que haya necesidades reales de fondo, no estoy conforme con que se juegue de esa manera con la buena voluntad ajena... con que se estafe descaradamente, que a fin de cuentas es lo que ocurre. En cualquier caso considero que si se desea ayudar económicamente, son muchos los cauces para hacerlo con ciertas garantías de que lo recaudado se emplea realmente en causas... digamos nobles.


No sé la razón, pero cuando salía del supermercado llevaba un euro en mi mano. Me paré delante del vagabundo, un hombre menudo de cincuenta y tantos años. Su larguísima barba de ermitaño... la suciedad de su ropa, de sus manos, de sus uñas... sin ser extrema, no coincidían con la mirada limpia que por su color daba luz verde a su rostro. Sus posesiones eran una manta raída y una pequeña mochila, manchadas por las noches sin techo. Sorprendentemente... no olía mal. En absoluto... y créame el respetable cuando digo que tengo olfato de sabueso. Había montado una especie de pequeño altar en el que sustituyó los iconos religiosos por imágenes de flores, papeles escritos y algunas monedas de poco valor amontonadas, formando hileras...

. Leve.- ¿De dónde eres?
. Vagabundo.- De Rumanía.
. Leve.- ¿Y cuánto tiempo llevas en España?
. Vagabundo.- Desde el año 2003.

Me contó que había sido militar en su país, enseñándome una especie de llave-medalla que aseguraba era un emblema que lo demostraba, y empezó a hablarme de cosas que dejé de comprender desde la lógica. No la tenían pues claramente se trataba de... un renglón torcido de Dios. Creí entender que dijo ser un... “guardián de las montañas”... una especie de ángel enviado con una misión para salvar a la especie humana. Comenzó a dar detalles de su razón para estar en el planeta y, al acelerar su palabra, el español que hablaba muy bien a ritmo pausado, se transformó en un idioma completamente desconocido para mí. Decidí que había llegado el momento de marcharme.

. Leve.- Tengo que irme. Cuídate... y cuídanos.

Y le entregué la moneda que aún tenía en mi mano. Sólo era una excusa.

Entonces el hombre (¡caray!... olvidé preguntarle su nombre), alargó su cabeza y dejando un respetuosísimo espacio físico entre su cuerpo y el mío, me besó en la mejilla delicadamente. ¿Un beso jirafa?... sí, un amable beso jirafa. Y al apartarse, con dulzura, me sonrió haciendo un gesto de asentimiento.

Nunca antes me había besado un indigente. Ni me había tocado siquiera que recuerde. No sentí aversión. No sentí miedo. Sentí... que él sentía gratitud. Y no por una moneda, precisamente. ¿Tal vez por un poco de conversación?...¿Quizás por una pizca de atención? También yo le agradecí, en silencio. Hicimos un trueque. Un trueque de humanidad. Regresé a casa en compañía de mi tristeza, pero al mismo tiempo con cierto consuelo... caminando lentamente... con la plena convicción de que el callado grito del mundo... ese día gritó un poco menos fuerte.


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