miércoles, 30 de septiembre de 2009

Conciencia

La auténtica contable del libro mayor de nuestras vidas...
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y es ella la que determina el “debe”, el “haber” y el “saldo” personal.

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martes, 29 de septiembre de 2009

A quien madruga...

el amanecer...
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Sol saliente en el parque de Cabo de Gata

le ayuda.
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lunes, 28 de septiembre de 2009

Causa y consecuencia

La causa: forma parte de la "biblioteca de los libros de mi vida", encabezándola, por lo que de tanto en tanto lo releo, como ha sucedido días atrás...
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“Tengo serias razones para creer que el planeta de donde venía el principito es el asteroide B 612. Este asteroide sólo ha sido visto con el telescopio una vez, en 1909, por un astrónomo turco.
El astrónomo hizo, entonces, una gran demostración de su descubrimiento en un Congreso Internacional de Astronomía. Pero nadie le creyó por culpa de su vestido. Las personas grandes son así.
Felizmente para la reputación del asteroide B 612, un dictador turco obligó a su pueblo, bajo pena de muerte, a vestirse a la europea. El astrónomo repitió su demostración en 1920, con un traje muy elegante. Y esta vez todo el mundo compartió su opinión.

Si os he referido estos detalles acerca del asteroide B 612 y si os he confiado su número es por las personas grandes. Las personas grandes aman las cifras. Cuando les habláis de un nuevo amigo, no os interrogan jamás sobre lo esencial. Jamás os dicen: “¿Cómo es el timbre de su voz? ¿Cuáles son los juegos que prefiere? ¿Colecciona mariposas?” En cambio, os preguntan: “¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?” Sólo entonces creen conocerle.


Si decís a las personas grandes: “He visto una hermosa casa de ladrillos rojos con geranios en las ventanas y palomas en el techo...”, no acertarán a imaginarse la casa. Es necesario decirles: “He visto una casa de cien mil francos.” Entonces exclaman: “¡Qué hermosa es!” Si les decís: “La prueba de que el principito existió es que era encantador, que reía y que quería un cordero. Querer un cordero es prueba de que se existe”, se encogerán de hombros y os tratarán como se trata a un niño. Pero si les decís: “El planeta de donde venía es el asteroide B 612”, entonces quedarán convencidos y os dejarán tranquilos sin preguntaros más. Son así. Y no hay que reprocharles. Los niños deben ser muy indulgentes con las personas grandes.”

("El principito", Antoine de Saint-Exupéry)

La consecuencia (inevitable): dejar que caigan en esta patria algunas de sus hojas (que en otoño suelen desprenderse de las ramas)... como quien arroja miguitas de pan para marcar el camino de regreso... a casa, al hogar. Y dejo una advertencia: Si algún pájaro (o "pajarraco") se atreve a comérselas... ¡se las tendrá que ver conmigo! He dicho.

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domingo, 27 de septiembre de 2009

Las bicicletas son para el verano... y para algo más

Esta mañana el cielo lloraba. Lo hacía con intensidad pero no con fuerza destructiva... no en la capital. Eso no ha impedido que la ciudad acabe medio anegada pues la red de alcantarillado deja mucho que desear. Cuando salí las calles estaban casi desiertas. Por ser domingo y porque la gente de mi tierra no está acostumbrada a la lluvia, prefiriendo quedarse a cubierto. La vida puertas afuera... paralizada mientras las nubes descargaban.

Detrás de la piscina comienza el paseo marítimo. He aparcado allí y he visto como un hombre negro de mediana edad paseaba en bicicleta. Un hombre que por sus ropas me ha hecho imaginar que se trataba de uno de tantos inmigrantes que por la crisis se ha quedado sin trabajo, posiblemente sin techo y... ¿sin nada?
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Repetía el mismo recorrido una y otra vez. A ritmo tranquilo iba y volvía por los no más de cincuenta metros sobre los que rodaba. A medida que me acercaba veía como estiraba las piernas y buscaba que sus pies, en chanclas, se hundieran en los charcos que se habían formado... planeando como si de un catamarán se tratase. Vestía pantalón corto, camiseta sin mangas y estaba literalmente empapado... dejándose llover... sin prisa, sin pausa. Si estabas seco no hacía frío... pero sí fresco. ¿Si estabas totalmente mojado?... No sé, no contesto.

Mi tiempo se ha ralentizado... e incluso he sentido que casi caminaba a cámara lenta, como si mi retina buscara fusionarse con la escena que contemplaba... con un momento mágico-potágico... y quedarse ahí, indefinidamente.

Hasta que sus ojos se han cruzado con los míos. Esa mirada, de fondo blanco radiante, en un rostro tan oscuro, desbordaba alegría... bienestar. En ese instante era un hombre feliz. Y nada más parecía importar. ¿Dije la vida puertas afuera... paralizada?

Me miró... sonrió. Le miré... sonreí. Y sentí que también yo era feliz... feliz por verle sonreír...

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miércoles, 23 de septiembre de 2009

Levetuning

Ya que anoche lo mencioné... como quiera que tengo cierta tendencia a “tunear”, o “customizar”, o “personalizar”, o sinónimos varios... el levecalendario de 2009 tiene este aspecto...
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Pero veámoslo en detalle... La izquierda...
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El centro...
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Y la derecha...


No me negará el respetable que entre un cartelón gigante con un... “U.G.T. – AHORA, CONTIGO, VAMOS A MAS”, o un “BBVA, TU BANCO DE CONFIANZA”, o un “MUDANZAS FERNANDEZ” (con el eslogan en mayúsculas, pa’ que se vea bien, que al fin y al cabo se trata de publicitar)... resulta infinitamente más atractiva la versión leve. Amos... oooonde va a parar...

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martes, 22 de septiembre de 2009

Cambio estacional

En el calendario asoma el otoño. Es tiempo de sacar el alma del armario...
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y de orearla al viento.

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viernes, 18 de septiembre de 2009

Noticia... sin noticia

Recientemente he escuchado que la mayor frontera de diferencia económica mundial es la que separa Africa del Norte de España.

En la madrugada del martes, una balsa hinchable como esta...
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de apenas tres metros de eslora cruzaba el estrecho. Procedentes de Marruecos en ella viajaban, dirección Tánger-costas españolas, un adolescente de dieciséis años y cinco niños de entre diez y once años. Venían con “ropas cortas”, expresó literalmente el voluntario de Cruz Roja (por cierto, me quito el sombrero por la encomiable labor humanitaria que realiza esta organización) a quien escuché, y que formaba parte del grupo que les atendió una vez en tierra.

Llegaron. Y llegaron asustados... con el miedo atravesándoles el cuerpo, con su inocencia interrumpida doblemente, pero semejante noticia apenas tiene eco en los medios de comunicación. ¿Sorprendente?... para mí sí. Estoy hablando de una “patera” en la que no viajaba ni un adulto. De la "primera patera infantil"... algo sin precedentes. ¿Qué grado de desesperación no tendrán en su país para lanzarse sin rumbo exacto, con apenas unas chocolatinas como único alimento, sin ropa de abrigo, en la oscura noche, con oleaje, sin conocimientos de navegación...?... Se me llena la cabeza de preguntas... y el corazón de frío.

Afortunadamente a tres kilómetros de Tarifa fueron interceptados y llevados a tierra... a salvo. Ahora hay seis “sin papeles” más en nuestro país. Según escuché, por no sé qué convenio en breve se les devolverá a su lugar de origen. Sin embargo paralelamente leí que no pueden ser repatriados sino que permanecerán en un Centro de acogida de menores. ¿Cuál es la verdad...? No lo sé.

Lo que sí sé es que a veces me asusta que nos estemos acostumbrando a tantas cosas que no debieran ser... hasta el punto de que parece que forman parte del paisaje. Y casi, casi... ni nos inmutamos.

Quizás sí que se esté produciendo, de algún modo, un Apocalipsis... sólo que en “tempo lento”. O tal vez hoy sea yo la apocalíptica. ¡Ay! pena, penita, pena... pena de mi corazón, que me corre por las venas, lo mismito que un ciclón...

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¿Dije “Apocalíptica”?...




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miércoles, 16 de septiembre de 2009

martes, 15 de septiembre de 2009

Entre bailes y fantasmas

Las tropecientas veces que la vi... me motivó a querer ser bailarina de mayor (¡que de peque ya lo era!)...

"Dirty Dancing"

Las tropecientas veces que la vi... me hizo contribuir, notablemente, a que las fábricas de clínex aumentasen la producción... snif, snif...

"Ghost"

Aunque también a creer que hay amores con los que ni la muerte puede acabar... ¡ains!

Y como no... a reírme un tanto con Whoopi Goldberg.

Hoy Patrick se ha ido de la vida. O le han llevado en realidad. ¿A otra?... no sé, no contesto. Pero si puedo y debo decir: Gracias... y que te vaya bonito-bonito, incluso si lo único que toca es descanso permanente.

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lunes, 14 de septiembre de 2009

Buena nueva

Esta tarde estuve tomando café con un matrimonio amigo. Bailan maravillosamente el tango hasta el punto de ejercer también como profesores. Y... chan-ta-ta-chaaaaannnn... ¡me han dado la noticia de que tengo pareja! De baile, por supuesto. ¿Cómo será estar entre sus brazos mientras suena la música?...

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Me cuentan mis amigos que es un encanto de muchacho, además de paciente y humilde. Lo estupendo es que ya lleva un tiempito bailando. Lo mejor... ¡que lo hace muy bien!... pues estos, mis ojitos tuvieron ocasión de comprobarlo.

Dicho lo cual Gloria Fuertes escribió:

Me gustaría tener una amiga
que se llamase Tenta.
Y estar siempre con Tenta.

Yo... hoy estoy con esa amiga que la poetisa hubiese querido tener permanentemente a su lado.
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sábado, 12 de septiembre de 2009

¡Soy Espartaca!

No porque sea una excelente amazona como él...


Tampoco por empuñar una espada...
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Ni por ser la gladiadora que lideró la rebelión de esclavos contra Roma...


Sino porque al igual que el que le dio vida en la gran pantalla...


tengo...

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"Kirk", así me llamó alguien durante un tiempo precisamente por compartir la característica facial con el actor. Claro que... la barbilla de Douglas padre, a diferencia de la mía, era de lo más varonil, como todo él. De modo que... entre "tener un hoyuelo en el mentón"... "tener la barbilla partida"... "o ser poseedora de la marca del ángel"... obvio que escojo la ultima denominación. ¡De origen!, nunca mejor dicho.

Y como postre... la pieza musical que ayuda a que las escenas de amor de la película sean aún más amorosas. Este tema, escuchado con auriculares, es un auténtico "menage a trois" de pianos. Suena uno por la derecha, otro por la izquierda, el último en el centro. El resultado... un orgasmo auditivo-sensitivo para amantes del jazz lírico... de ese que hierve a fuego lento... del que hace levitar...



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viernes, 11 de septiembre de 2009

Interrogante "hermético" (o Kybalión-ico)

¿Cómo es arriba es abajo... como es abajo es arriba?
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Mi ciudad desde arriba...
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¡Qué bonicaaaaaaaaaaaa!


Mi ciudad, desde abajo (y/o la realidad)...

Luis Rodríguez Comendador, Ilustrísimo Sr. Alcalde de mi city

¡Qué desastreeeeeeee!

Aclarando que "el Zapillo" es un barrio de Almeríalópolis... y que 60 obras -no pocas de envergadura- tienen tomadas las calles de la pequeña ciudad desde hace tres meses. O sea tooooooooooooodo el calurosííííísimo verano; incluida feria en honor de la Santísima Virgen del Mar, patrona, recientemente celebrada. Ahí es na'. Por otra parte leo en el periódico que hay licitadas 13 más que en breve se pondrán en marcha.

Vale que, aunque molestas, las obras son generalmente algo positivo. Peeeeeeeero... ¿tienen que ser todas a la vez... y justo en los meses en los que, sin la añadidura de tierra y polvo, ya cuesta respirar por las elevadas temperaturas?

Esto huele a que se acababan plazos -con la consiguiente pérdida de pasta- si no espabilaba el consistorio. Digo yo.

¿Cómo es arriba es abajo... como es abajo es arriba? Pues va a ser que no.

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jueves, 10 de septiembre de 2009

Cara a cara

Hace unos meses perseguí a un ser mágico. Hoy... he sido yo el objeto de persecución. Al adentrarme en un valle, mi bichito preferido ha aparecido y me ha sobrevolado, siguiéndome... adelantándome para colocarse frente a mí... girando súbitamente para volver a situarse detrás...
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La que me rodeaba era naranja (¡también mi color por excelencia!) y eso sí, al igual que la "bailarina" del vídeo contaba con unos graaaaaaandes, graaaaaandes ojos. Para veeeerrrrnos mejor... Caperucitos y Caperucitas. Libe y Leve... cara a cara.

Me fascina... su colorido, el mosaico de sus transparentes alas... la velocidad con que las mueve hasta mantenerse prácticamente estática en el aire, pareciendo entregada más a una levitación que a un vuelo... hasta su nombre suena musical: li-bé-lu-la...

¡Mmmmmm la naturaleza es wonderful, wonderful! Y su belleza plural... una de esas cosa que hacen que la vida valga la pena... pero mucho-mucho (¡y la alegría!).

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martes, 8 de septiembre de 2009

Aquellos maravillosos años... en blanco y negro

Esa familia numerosa que se disponía a iniciar sus vacaciones en un viaje en coche, que si no duraba un día completo... ¡casi!...

Esas curvas enoooorrrrrmeessss y cerraaaaaaaadasss que parecían no tener fin, ya se tuviese como destino la costa o la montaña...

Ese padre, fumándose un puro mientras conducía que, como es de todos sabido, son eteeeeerrrrrnooossssss (y horribilus)...
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Ese programa radiofónico ¿”Carrusel deportivo”? con un locutor poseído por un espíritu infernal al que prácticamente lo único que se le escuchaba era el grito: ¡GOL-GOL-GOL-GOL-GOL-GOL-GOL-GOL-GOL-GOL-GOL-GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOLLLLLLL de fulanitooooooooooooo.....! (gol este, ha de saber el respetable, que era más eterno aún que el puro que se fumaba el pater)...

Ese calor sofocante que se concentraba en las piernas por la puñetera almohada que debían soportar, para la comodidad de la her-ma-ni-ta . pe-que-ña que, beneficios de su edad, tenía que ir tumbada sobre las ocho extremidades inferiores de los otro cuatro hermanos...

Ese... ¡tengo ganas de vomitar!, multiplicado por cinco vástagos y por tropecientos kilómetros... que con suerte daba tiempo a parar y evacuar fuera del vehículo, y con más fortuna aún -ante una potencial emergencia- la previsora mater había dotado a la zona trasera con bolsas pa’ que se tuvieran –o tuviesen- próximas... por si las moscas, digo nauseas si la magia-potagia de la “Biodramina” no había surtido efecto, que era lo habitual pues a ver quien era el guapo-a que soportaba aquel exceso de curvas sin marearse...

Esa ineludible parada pre o post-vómito en la que, tras arrojar, la mater te ¿aseaba? pasándote por el cuello y alrededores de la boca una toallita o pañuelo impregnado en “Joya”. Sí, han leído bien y los que padecieron semejante intensidad aromática... ¡ains!... saben a qué me refiero. Y eso que en casa había “Nenuco”, “De nenes” y en ocasiones “Petit Cheri”... ¡de Legrain! Todas ellas colonias fresquitas de niños, existentes aún en el mercado. Que me perdonen los torturados con la mención al perfume de marras si he vuelto a traer de su memoria un trauma infantil ya superado...

Pero justo es decir que no sólo la progenie era campeona en semejante epopeya (ya me gustaría a mí ver a Ulises en una de estas)...

Esa madre con y pico de bolsas a sus pies... que si con la colonia, que si con toallas, que si con piscolabis pa’ callar a los hijos cuando se pongan pesados de más, que si con las botellas de agua, que si con la merienda.... ¡Santa, más que santa!...

Y lo que ya daría pie a que cualquier padre o madre sea digno de que se le haga una escultura, sería el tener que soportar -so pena se decidieran en el último momento a convertirse en homicidas- a esos cuatro discos rayados (¡y porque la pequeña aún no hablaba bien!) que no paraban de repetir y repetir cada cinco minutos: cuánto queda, cuánto queda, cuánto queda, cuánto queda, cuánto queda, cuánto...

No está de mas recordar al respetable que antaño los turismos no iban equipados con reposacabezas, -ni delanteros ni traseros-, ni con aire acondicionado –aunque sí había muchos grados centígrados de temperatura en cualquier julio o agosto que se preciase... que por lo general eran todos- y tampoco contaban con cinturones de seguridad traseros. Pero total... ya nos “amortiguaría” un potencial lanzamiento de nuestros bodys el cuerpo de nuestra querida hermana pequeña. No todo iban a ser desventajas para los que hacíamos de cama...

¿Aquellos maravillosos años?... ¿seguro?.... ¡Por supuesto! En primer lugar eras tan peque que no te enterabas nada más que de lo que te tenías que enterar. O como mucho, te medio enterabas de lo que no debías; con lo cual seguías sin enterarte. Por otra parte... ¡no hay mal que por bien no venga! Ahora sé de dónde viene mi capacidad estoica... ¡se fue forjando en aquellos viajes! Bien lo sabemos los de mi generación: para ser un auténtico “superviviente”, nada como ir de paseo en el auto de papá... ¡cuidado con los baches... aaaayyyyy!...





Con lo que tal vez Leve sea un poco -o un mucho- gato de Cheshire, que para eso estamos en el país que estamos... y aparezca, o desaparezca, o no... o sí... o no sabe, no contesta...

Pd. Y no olviden llevar a la práctica -un poquito al menos... lo que se pueda en la medida de las posibilidades personales- "Cantar (tararear en su defecto) y reír", como sabiamente recomiendan los payasos, que ellos sí que saben de requisitos para mantener óptimamente la salud del cuerpo, de la mente... y del alma.

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domingo, 6 de septiembre de 2009

Compañeros de piso

Le conocí en una tienda de discos que solía visitar; una vez por mes era lo habitual. Y claro... por haberme convertido en cliente fija... me hice un poco amiguilla del propietario. Pasé muchas tardes en “Radyelec” y como quiera que estaba “enchufada” contaba con algunos privilegios. Por ejemplo, Antonio desprecintaba discos para que los escuchara. Si no me gustaban no me los llevaba; y viceversa por supuesto. Paralelamente tuve ocasión de conversar con otros “parroquianos” que iban apareciendo, sobre intérpretes que sólo oídos-paladares entrenados en la degustación de ciertas “delicatessen” tenían el placer de consumir frecuentemente.

Una de aquellas tardes, justo cuando saludaba un cliente que llegó, escuché que alguien chistaba a modo de llamada:
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. Voz misteriosa.- ¡Pssssst!, aquí, detrás de ti...
. Leve.- ¡Glubs!... ¿Qué hace un chico como tú en un sitio como este? (y conste que no sonaba “
Burning” en ese momento).
. Voz misteriosa.- Eso mismo me pregunto yo. Me llamo Flip. ¿Me llevarías a vivir contigo?
. Leve.- ¡Madre del amor hermoso... eso si que es ir al grano! Debes ser de los que consideran que los preludios son prolegómenos innecesarios, supongo... así que pa’ qué perder el tiempo, ¿no?
. Flip.- Tú lo has dicho. La vida es breve... y leve. Y quien no arriesga no gana...
. Leve.- Ni pierde, ¿o sí?...
. Flip.- Bueno, ¿qué me dices...? Estoy dispuesto a trabajar en lo que sea. Soy silencioso, brillante, siempre tengo una sonrisa en el rostro, puedo ser el guardián de tus sueños de puro discreto... No ronco, no fumo, no bebo, ni siquiera como...

Ante tanta virtud -y sobre todo gestos zalameros- no pude resistirme y acepté llevarle a casa, incluso le contraté a través de mi Leve-empresa porque precisamente andaba buscando un profesional cualificado en su especialidad. De camino me contó su historia. Dijo que antaño fue un duende y que una tarde, jugando al escondite con sus vecinos de bosque, se metió en un árbol que desde fuera parecía más espacioso, pero que una vez dentro comprobó era más estrecho de lo que supuso. Se atascó y quedó allí atrapado. Gritó y gritó pidiendo auxilio pero nadie le escuchó. Transcurrieron días, meses, años... tanto tiempo pasó que se acabó fundiendo –y confundiendo- con la madera del árbol. Hasta que un artesano que buscaba materia prima apareció, descubriéndole casi por accidente pues aquella era una zona muy apartada de difícil acceso. Cortó el tronco y le llevó a su taller, donde le limpió concienzudamente con sus herramientas hasta que su carita quedó libre de musgo, hierbajos y demás, y le nutrió la corteza con cera pa' que brillase más que la patena...


Se convirtió en algo así como su padre postizo... en una especie de Gepetto para un Pinocho de nariz corta, pues es sincero a diferencia del original. Entre ellos surgió un profundo afecto y el artesano, viéndole posibilidades, le enseñó el oficio de lámpara, que finalmente se acabó convirtiendo en vocación para Flip ya que está convencido de que es importante –vital añade incluso- iluminar la vida de otros. Además el trabajo le resulta cómodo porque no es cansado y de hecho su jornada laboral es muy reducida. Eso sí, salvo excepciones, ejerce en turno de noche. Pero tiene ventajas comenzando en que la nómina se engrosa algo más debido al lógico plus de nocturnidad. (Hay que respetar los derechos de los trabajadores... y aquí el convenio se sigue a rajatabla). Por otra parte él está acostumbrado a ese horario.

He aquí una muestra de su operatividad...


Y otra de cuando descansa...

Sí, Flip es el primero que me da los “buenos días”, el último en darme las “buenas noches”... y, huelga que lo diga, ilumina mis amaneceres, mis anocheceres e incluso... mis momentos de oscuridad más densa.

Y aquí seguimos, conviviendo, muy bien avenidos pues somos... compañeros de piso. Pero compañeros de verdad de la verdadera. Vínculo tan auténtico como lo relatado... aún a riesgo de que flip-e el respetable.

Lo único triste de esta levehistorieta es que donde antes estaba la mágica-potágica tienda musical, ahora hay una cafetería. Lo alegre, aparte de la luminosa presencia de Flip en mi cotidianeidad, todo lo que me llevé cuando pisaba aquel espacio. ¡Que me quiten lo bailao’... y lo escuchao’!

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sábado, 5 de septiembre de 2009

Buena suerte

La mayor fortuna consiste en...
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amar y ser amado. Y cuando sucede... se encontró el auténtico trébol de cuatro hojas.

Pd. ¡A la tercerla la vencida!... Y es que me ha resultado imposible resistirme a ¡ñam-ñam!, por lo que me he comido las dos fotos previas, je. Bueno, en realidad me he comido el ingrediente principal de las fotografías previas, es decir... sus "foliolos", je-je... ¡Saben a melocotón!

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viernes, 4 de septiembre de 2009

Noche en el museo...

U otro levevuelo por obra y gracia de uno de mis pinceles preferidos: el que utilizaba el señor Marc Chagall...

video

¡Hay que ver lo que logra un beso!
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jueves, 3 de septiembre de 2009

Leveornitología

Que recuerde no he sentido especial pasión por las aves más allá de admirar su belleza y privilegio de volar lo cual, naturalmente, me da una envidia que pa’ qué; y para aliviarla... surgió parte de mi levedad, sospecho. De manera que no me he relacionado con animales alados (las libélulas y mari-soplas-posas, o “pájaros del alma” no cuentan ahorita), salvo con un par de gorriones que, a la tierna edad de unos siete años, mi padre nos regaló un domingo que salimos de paseo acabando en una plaza donde los vendían. En cuanto a mi “leveamistad” con Pavarotti es una excepción de la adultez; una novedosa excepción, debo añadir.

Pero volviendo a aquel tiempo... como es lógico al principio de nuestra convivencia los gorrioncillos se convirtieron en mi centro, por aquello de que yo era peque y ellos la novedosa novedad. Después... la “responsabilidad” pasó, como no, a la santa mater quien sí les cantaba (¡que ella sí que lo hacía bien!) a menudo y siempre les dedicó “cariños” vía sonora e incluso táctil. Si acaso, en edad moza, me tocó limpiar la jaula en alguna ocasión por sublevación –e imposición- de mi progenitora, pero poco más que decirles un “buen día”.

Debo confesar que incluso hubo momentos en los que pasé olímpicamente de la pareja, que lo era ya que se trataba de un macho y una hembra a los que “casé”... porque sí. Y tanto pasaba que no soy capaz de acordarme de sus nombres... aunque me resuenan en la lejanía “Pin y Pon” (¿o era “Chip y “Chop”?... No sé si mi memoria juega al despiste). El hecho es que estuvieron con la familia bastantes años. Mínimo una década, pero como he referido con indiferencia de mi parte; cosas de la “rebeldía con causa” ya que coincidió con el periodo adolescente y mis intereses prioritarios eran otros.
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Hasta que un día... accidentalmente mi hermano dio un golpe a la jaula que colgaba de una pared cayendo esta al suelo y... ¡oh dioses!... a uno de ellos se le partió una patita, falleciendo días después. Y yo... que llevaba años prácticamente ignorándoles, cuando supe la noticia quedé muda, fui a mi habitación y me tumbé en la cama, mirando al techo. Permanecí inmóvil física y emocionalmente no sé cuánto tiempo hasta que noté un “crac” en mi interior. Entonces parte del alma se me volvió líquida y los ojos comenzaron a desbordarla. En silencio lloré, y lloré, y lloré, y lloré... mucho. Y lloré más cuando una semana después su compañera también abandonó la vida. ¿Murió de tristeza? Estoy convencida. Y a raíz de la pérdida, que lo fue, reflexioné por primera vez sobre la “invisibilidad” de ciertos lazos afectivos que tenemos, de los cuales no nos damos cuentas hasta que el “otro hilo” desaparece; porque la muerte lo corta o por cualquier otra razón que nos aleje de él.

Y en lo relatado ha consistido básicamente mi leveornitología. Distintos para mí son los cetáceos, que a esos sí que los llevo en células; supongo que por mis genes sireniles. Sin ir más lejos el fin de semana estuve nadando –literalmente- entre peces de distintos tamaños. No sólo no se asustaban sino que incluso me rodeaban y buscaban contacto físico, lo cual me hace pensar en dos posibilidades:
Prime: me reconocen como una de los suyos y se alegraban de verme, por lo que me hacían cosquillas de puro jolgorio... je.

Segun: estaban hambrientos y creían que yo era una big burguer marina.

Lo cierto es que no sé distinguir si lo que uno de ellos me dio fue un beso intenso o un mordisco ya que por suerte... ¡era de los peques!, pero los había que medían unos 40 cm. Uno de los grandotes, de roca él pero cuyo nombre desconozco, tenía cara de pocos amigos y me pego un susto que pa’ qué; por “cachas” y por gesto agresivo. La verdad... de ese me alejé por si acaso, que tenía una especie de pinchos que parecían espadas con la inscripción en su empuñadura de ¡PELIGRO! (versión breve) o ¡QUE DIOS TE PILLE CONFESA’ SI ME ROZAS! (versión extensa).

Regresando a las avecillas y al motivo de estas líneas... me pasa algo en cierto modo singular. Cuando descubrí a Pavarotti sin “dar vueltas al coco”, es decir como por arte de magia potagia, me vino el nombre de su “raza” y al verificarlo resultó ser, en efecto, un vencejo. Esta mañana, he mirado por la ventana y al ver posarse otra avecilla sobre la copa de un árbol en mi mente se encendía y apagaba, como si de un neón se tratase, un nombre: “tórtola”. He buscado imágenes en google y... ¡bingo! Asimismo el otro día volvía a casa por el parque que hay enfrente y de repente vi unos pajarillos mientras me escuchaba por dentro decir: “no había reparado antes en que hubiera tordos aquí... ¿Tordos... de dónde he sacado yo ese nombre?”. Y como ya voy con la mosca detrás de la oreja, digo con la pluma... abrí la puerta, encendí el ordenador y a golpe de clic-clic... ¡date... igualitos que los que acabo de ver!

Al final tantos “levevuelos” me van a acabar pasando factura. Eso... o que en otra vida fui “pío-pío que yo si he sido”. En cuyo caso la reencarnación sería cierta existiendo niveles de depuración kármica... y si ahora soy humana... ¡progreso adecuadamente! Pues no sé la verdad porque tal como está la especie... Ejem, ejem... no estoy mu’ filantrópica que digamos últimamente. Aunque si puedo elegir prefiero continuar permutando piernas por cola de escamas plateadas, a que los brazos se me llenen de plumas y me crezca un pico. Y es que sin rechazar lo de elevarse hacia el cielo realizando piruetas varias cual nómada del viento... me late que lo mío liga más con profundizar a base de chapoteos y glub, glub, glub... ¡nostalgia de las branquias!, que diría el poeta José Angel Valente.

Claro que la explicación de este “misterio” pasará porque sin querer queriendo nuestro “disco duro” –mismamente cerebro- va almacenando datos sin que uno se percate. Uséase... inconscientemente. Entonces... ¿va a resultar que después de tanto escuchar a mi Pepita Grillo voy a ser una “inconsciente”?... No... si lo estoy arreglando...

Bla, bla, bla... y’astá, no sin antes decir que eso sí... me gusta volar por donde las ventanas siempre están abiertas...



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miércoles, 2 de septiembre de 2009

Pandémico

Hay un virus aún más pernicioso que el de la influenza H1N1...


El miedo. Y puede mutar a pánico. De hecho ha comenzado a hacerlo. ¿Con razón... sin razón?...




Se piense en una dirección, se piense en otra... que cada cual saque sus propias conclusiones.

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martes, 1 de septiembre de 2009

Creencia incrédula

Dios no existe...
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Pero el hombre sí. Por eso hubo que inventarle.

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